Creo que llegaste en el peor momento del año. Llevábamos tres sin vernos y tanta vida en el intento...
Hubiese renunciado antes de tiempo, si en aquel momento cuando te fuiste, hubiera sabido todo lo que sin vos iba a tener que afrontar.
Me acuerdo que era octubre. Yo venía de festejar mi cumpleaños, el último aunque lo ignorase, en el que estaría brothercito. Vos habías viajado a Paría por aquella entrevista de trabajo; cuando a tu regreso me comunicaste que lo habías logrado, y que te quedaban diez días en Buenos Aires para armar tu mudanza. Costó creerlo.
Una vez más, "amigo, extranjero, compañero de deporte y partner de cine", dejaba el país. Demasiada figurita repetida. Parecía un hechizo. Suma de ausencias impensables. De esas que creemos imposibles de sobrevivir.
Sin embargo le pusiste mucha alegría brasilera. Y por una vez en la vida logré apartar el tango. Era tanto lo que ironizabas con tu partida, que alcanzabas el punto de que uno desease, que te fueras ya. No habían pasado ni seis meses, cuando una tarde de abril, me animé a contarte que él ya no estaba, que se había ido para siempre y de la peor manera. Que era él quien había decidido su ultimo ocaso.
Creo que la primera vez que lo lloré fue con vos. Tu hermano no, gritabas, y ahí lograste que me quebrara. Era mi hermano.
Tu suma del 1 + 1 = 2 y no 3, para explicar el por qué no de mi relación nociva con Gabriel. O el amor que Claudio sentiría "quizás" por mí, y que vos no podías medir. Pero los hechos sí. Esos sí podías. Los actos. Y brillaban por su ausencia.
Recuerdo que en un momento dado decretaste que ya era tiempo. Tiempo de basta, de ponerle punto final al sufrimiento. Eso incluía el regreso de Claudio a Bariloche, ya que a mí no me correspondía, ni era nada justo que en pleno duelo del dolor, me siguiese haciendo cargo de alguien, que sólo acudía a mí en sus tiempos malos.
Pero como te decía, llegaste en el peor momento, en el de la pausa. El del letargo, esa especie de plancha forzada que sobrevino después de agosto. Porque fue la segunda muerte en dos años. La segunda persona que más me importaba en este mundo, y sin embargo. Tal cual él mismo lo anticipó "sería muy feliz desde la primer noche del otoño". Aunque él ya no estuviese...
Un mundo de letras y papel. Cambios imprevistos, impensados. Vos. Por fin vos. Todo fue de verdad y sin embargo, hoy tan lejano.
Nos habíamos contado tanto, que de a ratos sobraba el tiempo. Todo gracias a los ciberespacios, porque más de mil días nos separaban de aquella esquina de Charcas y Julián Alvarez, donde nos dimos un gran abrazo y un cortito chau.
Y la plancha ahora era de a dos. Tus horas infinitas. Las mías. Nadie esperando en Francia, que volvió a ser tu país. Nada ni nadie. Regresarías a lo que habías dejado, una puerta cerrada que nuevamente abrirías solo, y con un futuro incierto.
Un porvenir que de a ratos pareciera carecer de azar, de curvas, de desvíos.
Un intervalo en el tiempo que no cesa.
Y sé de tu sensación de no estar invitado a un mundo de fiesta. A ninguna parte.
Y me quedo sin palabras, no se me ocurre que decirte. Como hacer para que tengas ganas de. De algo. Para que vuelvas a confiar. Que recuperes esa chispa que te convierte en esa personita tan distinta.
Porque, ¿te acordás que cuando seamos viejos, seguramente nos arrepentiremos de habernos quejado y sufrido por tanta nimiedad? Cuando entonces sí no haya tiempo y recordemos que todo estaba por hacerse, por darse.
Ayer cuando supe lo de Flor, pensé también en vos. En vos que esta vez por tu propia decisión decidiste apartarte. Aislarte. Cuando sin embargo, la tarde del 24 de diciembre me despedías en esa parada de autobus, como si después fueses a estar.
Pero al otro día, cuando regresé a casa, me di cuenta de que no. Una vez más ya no vendrías a tomar tu café en tu tazota borgeana, o a tirar la puerta a golpes para que te acompañe a hacer deporte a Palermo, o a preguntarme miles de veces ¿como estás?
Ya no charlaríamos en francés en el bar del lector. Ni ironizarías con mi casa de enfrente. Sí, la del café literario de la calle Las Heras.
Sin embargo me aseguraste que el 2011 sería nuestro año y ni siquiera ahora aceptás objeción. Recién comienza, contestás.