16 de febrero de 2010

Hoy, es tuyo...

Hace sólo diez días que logré volver a Luján. Volver a tu casa. A tu casa sin vos. A tu quincho sin terminar. A tu pileta abandonada. A ese parque que soñabas ver lleno de hijos.
¡Si en una hubieras podido unir a unas cuántas!
Me recibió tu mamá, con todo el amor del mundo.
Hermanito, no sólo te perdí a vos. Hoy tampoco está Claudio.
Se fue como vos decías, en su ley y como un gaucho...
Y como si todo no fuese mucho, revisar tu agenda (esa donde “el día D” figuraba y nada indicaba). Recorrer tu estudio, palpar tus discos, volverme con tu reloj. Las fotos, las de todas tus edades. Esas donde no te conocí, ya me las habías dado. “No harías a tiempo de escanearlas”, ni a copiarme los discos que querías me llevara. Porque Cacho, Cacho es un grande. Así de amplio eras en todo.
Volví a Luján, Jorgito, a tu casa y hasta donde debí haber estado aquel 15 de abril.
Veintidós exactos meses después.
Ahí donde hubo tantos que eran tan poco o tantos otros que fueron mucho y todos lo ignoraban.
O bien yo, que ese día ni sabía que ya no estabas.
Y mientras tanto comía con Marielimpys una pizza en "El cuartito".
Cuando entré al tradicional lugar tenía dos hermanos. Uno mayor, cinco años mayor, y uno menor. Ambos con el mismo nombre.
Por eso tal vez él siempre fue J y vos brothercito.
Al salir de ahí, 14:45 de aquel lunes 14 de abril, tenía uno sólo.
Este último domingo supe que aquel fin de semana hasta cantaste en "El Mateo". O sea que, contra viento y marea y con ese cocktail siniestro de químicos mal indicados te mantuviste en pie y alegraste vaya a saber a cuantos.
Hoy me encuentro litigando vía blog - email con una tal (no importa el nick que eligió) que le armó un blog a "our father". Pareciera una suerte de testigo omnisciente de todo y afirma con vehemencia o mucha ignorancia.
Por ejemplo: no te menciona a vos. Mirá que idonea resultó...
Ni a la muerte de nuestra abuela Rosa en aquel fatídico accidente, antes de que vos nacieras.
Tampoco habla de tu mamá y sí de "la azafata" que le dio dos hijos, que le prohibía ver...
¿Qué hubieras hecho en mi lugar?
Parece que no bastó que ninguno de sus tres hijos estuviese en su entierro. Y ese que se hacía pasar por tal, sí.
Ni que la Asociación Argentina de Actores no avisase el tema "mausoleo" y todo culminase en un "lugar común", sin nuestro consentimiento.
Recuerdo que el tema te afectó. A mí me lo contaron sin anestesia. Tres hijos y ese final.
Hoy te acompañan los dos, tus dos padres. Él que hizo de, y él. Energética y simbólicamente hablando ...
Se me ocurrió ese modo de ritual brothercito ..."yo sé el corazón que tiene el que con gusto me escucha"... y su mate de plata y alpaca, premio también.

El que va por esta senda
cuando sabe desembuchar,
y aunque mi cencía no es mucha,
esto en mi favor previene;
yo sé el corazón que tiene
el que con gusto me escucha.

Lo que pinta este pincel
ni el tiempo lo ha de borrar;
ninguno se ha de animar
a corregirme la plana;
no pinta quien tiene gana
sino quien sabe pintar.


Aunque no estés ahí. O sí.
Eso nadie lo puede saber. Los mapuches calculan unos seis meses para que las almas se desprendan del cuerpo. Si pudiera creer en algo...
Tal vez esta sea la antesala, el ensayo. De aquí y vaya a saberse hacia dónde y hasta cuándo.
¿De aquí a la eternidad?
¿Hasta que nos unamos todos en el reconocimiento de las almas?
¿Qué habrán inventado para divertirse en el más allá?
Acá entre muchos otros pasatiempos, los blogs. Blog que hoy me permite escribirte esto.

Nota al pie: gracias cecie.

10 de febrero de 2010

Cinelandias mentales de una tarde en Belgrano


El tormento era inmanejable, irrefrenable. Me poseía desde el primer instante en que abría los ojos, sin pausa, hasta el momento de lograr parar la mente y dormir. Aturdida, enmarañada. Pensamientos, imágenes, recuerdos, información -hasta la más intrascendente, hasta la más innecesaria-, teléfonos, viejos nombres de mi agenda. Personajes que de cruzármelos, indefectiblemente, no reconocería sus rostros. Todo en mi cabeza, a modo de zapping, sin tregua, en continuado. Como una "cinelandia mental".
¿Acaso habría sido siempre igual y recién ahora lo concientizaba?
Lo más semejante a un viejo arcón de souvenirs que irrumpían sin autorización alguna, sin darme respiro, ni un miserable segundo de paz.
Lo único que calmaba era la píldora nocturna. Ahí todo comenzaba a detenerse, a pedir autorización para entrar a molestar...
Hubiera adorado estar aquí y ahora en el presente, ser un ser desapegado, sin anticiparme, sin temor, sin retrotraerme. ¡Sin dolor!
Consulté todos los médicos, los chamanes, los canalizadores, la gemoterapia, reikistas, acupunturistas, budistas, los de los registros akásicos y qué "ochocuartos".
Resetear, archivar, pasar página y continuar.
No hay sentimiento más impotente que el de saberse uno mismo el dueño de la clave, de la solución y no hallarla.



Un corazón partido. Una ventana de tren y la vista desde el andén.
Ellos partían. Sin rumbo, sin meta.
El destino, el camino les tendría algo preparado.
Pasarían de ser espectadores a convertirse por fín en protagonistas.
Tampoco estaba decidido en que estación se detendrían.
Todo absolutamente y de antemano pactado, librado al azar.
¿Acaso la vida no se trataba de eso, de hacer camino al andar?
No molestarlos había sido la premisa.
El entorno inmediato poco había coincidido con esta decisión.
Renunciar a respectivos trabajos. Liberarse de toda atadura. De las viejas mochilas. Dejar las cuentas al día para evitar mundanales y burocráticos incordios y partir.
¿Partir para continuar o para volver a empezar?

3 de febrero de 2010

La muerte, ese otro mar

Era sábado, enero, 30 de enero. Apenas pasadas las seis de la tarde. Encuentro literario. Los reuniría Kafka o Borges, 1964 y una Fundación mítica de Buenos Aires. Pero los unió Luján, un palacete abandonado y un ejercicio medio improvisado. Ella eligió redactar aquel encuentro en el país vecino. Hablar de Alvaro y de sus amigos montevideanos. Había alquilado “Las vidas privadas”, del mismo director de “Los años felices” y “La mejor juventud”, cree recordar. Porque hoy, a pesar de las setenta y dos horas que ya pasaron, no entiende, no acepta, o acepta pero no quiere ni entender ni aceptar. Ojalá pudiera creer. Él ya no está, ya partió. No se fue en Moldes y Congreso. “Una oscura maravilla nos acecha, la muerte, ese otro mar, esa otra flecha, que nos libra del sol de la luna y del amor”. Tampoco en "La mirage", pero lo supo ahí. Fue en un kilómetro 3, a muchos de Buenos Aires. Cuando ella, ignorándolo, le escribía diciéndole “Americanito, te extraño”. Últimamente él no siempre le contestaba, le faltaban las fuerzas. No poderla ayudar lo ahogaba aún más. Le escaseaba la fortaleza pero no la fé. A ella sí. Hacía rato que había dejado de creer...
Él era todo idealismo. Él cruzaba el Nahuel en un elástico de cama a modo de balsa. Subía el cerro Lopez con un Merceditos año 79 destartalado para mirar la luna y escuchar Serú Girán. Compraba escopetas de fogueo a los indios para que defendiesen sus tierras de los americanos. Construía casitas como si se tratase del juego de los mil ladrillos. Todo lo regalaba. Los recuerdos lo maniataban. No soportaba la ciudad, era como "mirar el cielo por cuadraditos..."
Pasó hambre, frío, sed, pero nunca dudó de su misión, de lo que a este “plano” había venido a hacer: salvar vidas, ayudar a sus hermanos, como llamaba a su pacientes. Carga llevaba mucha, y se logró liberar de muy poca. Los últimos quince años lo habían mantenido en una ininterrumpida guardia pasiva. Él escuchaba a todos, pero sólo ella lo escuchaba a él. Su extrema sensibilidad no pudo tolerar el comercio médico de la gran ciudad. Ver abrir cabezas, columnas, corazones, sin razón, por el solo hecho de lucrar. Lo suyo tal vez era la pintura, su piano, su violín. Más allá de que en realidad hubiese querido ser capitán de barco y de que a su papá le hubiese prometido ser doctor, igual que él y que Guillermo, su hermano mayor. Todos los niños del mundo eran sus hijos.
Suena Penélope... Siempre te sentiste tan Penélope, tan San Blas...
No lograron volverse a ver. Ese mensajito mediante el cual le quiso hacer saber cuánto lo extrañaba y lo decidida que estaba a ayudarlo, a dejarse ayudar, ya no lo respondió. Habían comenzado a desmoronarse por separado desde aquel mes de mayo en que todo complotó para el caos. Pero él no supo decidir, no se animó a elegir. Su hijito de nueve años estaba por sobretodo lo demás, y Viviana, que hoy pide... “no lo defraudes, todo dependerá del tiempo y la decisión de salir adelante, él estaba muy preocupado por vos, quería volverte a ver, y bien..."
- Claro, vos tenés por quien luchar, tenés un hijo de él. Sin embargo los veinte meses que pasaron, dos sesiones de diván semanales, más todos los chamanes, no han logrado siquiera hacerme vislumbrar la salida del pozo donde me dejó hundida nuestra separación y la partida de mi hermano.
- De verdad me gustaría ayudarte, pero no sé cómo. Esto se atraviesa sólo con serenidad. Es inevitable el dolor. Entendé que no tenés la culpa de nada. Esto es, fue y será un tema de su ser esencial. Él hizo lo que pudo, dedicó y entregó su vida al servicio, y se olvidó de él. ¿Si alcanzó a ver esto?. Yo creo que sí. Y tal todo haya tenido sentido. Pensá en la inmensidad del ser con el que estuviste.
- Estuvimos.
“Fuerza” es el último mensaje que recibió de él, y el único que conserva.
Armaste sueños que te sobrevivieron. ¿Cuándo te ibas lo intuiste, cuándo no llegaste a ver mis manos, cuándo tres días de distancia nos jugaron una tan mala pasada? La vida por una causa, un corazón que se oprimía y asfixiaba y no soportaba más distancias.
Yo ya sabía que tu allá no era mi acá.
Jugaste al azar, y salió tan mal. Olvidaste que el tiempo era finito y que sí existía.
No sé si más allá de las nubes, la nada te espero con un todo. Si esto lo estás viendo, si el celeste de este mar que tus ojos hace tanto miraron, lo ves desde más arriba, o si allá es todo mar.
Hubiese querido irme con vos, no sobrevivirte, desde aquel mayo en que quizás comenzamos a desmoronarnos, lejos, juntos, por separado.
Ayer te ví entre las aljabas. Después caminé sola hasta develar "un secreto", uno que había entre las brasa y el mar: la imaginación lo es todo, es una visión anticipada de las atracciones de la vida que vendrá...
Al Dr. Claudio Osías Bautista Wasserman
13-06-1959 / 27-01-2010

1 de febrero de 2010

Espirales o circulos

Querías volver a ver mis manos
que nos cuidaramos como desde siempre
que fuese tu compañera
aunque se tratase del último tramo.
Que para finales del verano el laberinto cesaría...

No sé si fue en aquel abril, o fue en enero,
que quise partir con ustedes...

Y ayer impulsivamente volver a tu casita sin vos, con tu mamá ahí, esperándome. Veinte meses dudando, casi dos años recreando cada rinconcito de tu lugar. Veinte meses demorando.
Y a vos Graciana, ¿qué decirte? ¿Treinta y nueve años nos perdimos?
Y saber -sabía- que sos un sol. Hoy se mezcla todo. Los lloro a los dos. Al que creía que la unión era infinita y no iba en círculo sino en espiral. Y a vos Jorgito, que el 08 sería de disfrute sí o sí.
Tuve en mis manos tu agenda del mismo año. No parecías planearlo...
Tu música, tu reloj, los poemas....
¿Reacción tardía? un día más tarde, ya ni sé si hice bien en traer algunas de tus cosas conmigo.


LAS COSAS - Jorge Luis Borges

El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,

un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde

una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,

ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.

25 de enero de 2010

La nada, el todo

La nada
I

Vos sin mí
Yo sin vos
Nuestra vida sin nosotros.

Objetos inanimados
testigos de la soledad
vacío.

Los años que nos perdimos
Los que no serán.

¿Cuándo fue que el pasado era todo y el futuro tan nada?

II

El puñal que dejó tu huída
Suma de días iguales
Letargo
Inercia
Paréntesis
Levedad
Nada.


Todo

II

No significar la vida
despertar por nada

El nudo en la garganta
Miedo
Pausa
Los besos que no nos dimos

Charlas.
El hechizo
Las imágenes
van y vienen...

El apego,
Lo vivido
Lo heredado
Los sollozos
El resto del llanto demorado en pasar.



20 de enero de 2010

"La double vie de Veronique"



A unos 15.000 km ella escuchaba "los piojos".
-¿Cuál?
"Gris" me contesta. Aunque irremediablemente trajese a mi cabeza aquel viejo post sobre "los niveles de grises"
”Las cosas no son blancas o negras. ¿Qué es el miedo? ¿La incertidumbre? ¿Qué son sino grises? ¿Qué es sentirse sola si no es gris?, ¿Qué es no arriesgarse si no es gris?”
Ella hoy habla de colores, apenas cierra los ojos ve "montañas de colores". En tránsito por la vida. En esas estaba, cuando pensó en lo bueno que sería verlo y abrazarlo...
Ambas amamos Kieslowski. Nos partió la cabeza "Damage" en formato libro y film.
"Sólo quien ha sufrido un gran dolor sabe que puede sobrevivir a todo", le cito.
"Si alguna vez he dado más de lo que tengo, me han dado algunas veces más de lo que soy, se me ha olvidado ya el lugar de donde vengo y pueda que no exista el lugar adonde voy", contesta.
-¿Un futuro hostel allá? Traful.
- ¡Voladas!
- ¡Volemos!
Qué no cueste caro soñar. Nos referíamos ambas, "casi patagónicas", al Mirador del Viento.



Ascendente en tauro que la salva de los platillos de la balanza. Una luna en fuego y leo. Reinar, accionar. Lo de la coronita le encantó.
Será por eso que también me dice "salir a vivir y no malgastar el tiempo borracha de pensamientos intentando saber cómo vivir mejor", "la vida es una cárcel con las puertas abiertas", "venimos solos y nos vamos solos". Yo cada vez sufro menos eso. Aprender que todo lo que pasa por nuestro lado -gente, amores, amantes, mascotas, trabajo- es por un ratito".
-Entiendo que con una historia así es difícil bajar del "satélite".
"Sincronía" o "asimetría" con ella escribíamos sobre seres que orbitan uno cerca del otro, ejercitando "letras palermitanas".
-Un sentimiento super lindo que quiere cuidar de alguna manera como un tesoro, para siempre. Y es más hermoso que cualquier "amor barato de estación". Tendemos a agarrarnos de la primer lucecita y no nos damos cuenta a veces que se trata de una "vela".
Tal vez apareció en "ese" momento para demostrarte que sos capaz de enamorar a cualquier hombre y que cortar con tantos años de locura tiene salida, nada más.
Memoria de pez. Su única terapia "el sentido común". Una vez sabido y aprehendido, "las realidades se pueden llevar a cuestas".
-Salí y reíte todo lo que puedas. ¿Sabés? es como llorar, luego te sientes pluma. Te brillarán los ojos y te verás hermosa.
Así fue, y eso que estaba tan "viceversa".



Nota al pie: ¿se lo dedico?. Es para Ud, que ayer decía que querría estar "más cerquita", y yo le aseguré que lo estaba ;)

11 de enero de 2010

Huellas

Y hablábamos de velocidades, de ritmos, de rutinas, de vida.
La cotidianeidad que a algunos completa y a otros vacía. Algo así como la vida de los otros, desde nosotros.
Lo que se ve gris, tal vez sea multicolor y se trate de un libre vivir, que nos dejaría ávidos e impacientes, y sin embargo es el todo.
Mi todo visto de afuera puede parecer vacío, o desde la pausa de otros puede estar muy pleno. ¡Llenar las horas!
La fantasía, la subjetividad y lo parcial distan tanto de la realidad, de lo objetivo, lo total.
Muchos tienen claro su todo, y se proyectan en futuros iguales, sin que tal vez ninguno se atreva a romper el molde.
Lo previsible me atormenta y sin embargo "el barco sin timón" fue mucho.
Mi transcurrir puede parecer monótono y el tuyo puede marearme, intimidarme.
Paisajes, rostros, escenas de pausa, lentitud. Disfrutar de las pequeñas cosas, que en el cemento nos es tan lejano.
Vivimos alertados, atentos. Cuánto cuesta detenernos, estar "sin hacer"...
Y qué lindo que fue cuando esta misma ruta nos llevaba a nuestra primera casa.
Cuando este atardecer detrás de estos mismos árboles lo era todo. Esa necesidad de eternizar imágenes, momentos ...
Lo incierto de aquel futuro, y nos quedábamos cortos...
Perennes al instante, a toda nuestra suma de instantes. Hay naturalezas que necesitan más, jamás lo juzgaría, es tu esencia. Tu inestable constancia, tu búsqueda, el límite, lo insaciable.
Hoy tu todo es tan chiquito, y te conformás con un futuro a medias ...
Y tal vez tu casa, tu perro, tu parrilla, tu acto escolar, me aterren.
Creo que somos tan ego, tan yo, tan nosotros. Sólo ese banco de plaza tiene peso y trasciende cuando ahí hemos dejado huella. Esa misma plaza que para mi es una plaza y que ni siquiera me llevo en las retinas, ni en el recuerdo.
Lo que para mí significa la esquina de Melo y Bustamante, y para vos la nada. Nada.
O Anchorena y Beruti, aquel domingo gris tan segura de mí y que sin embargo me sentía quebrar por los otros. Los de siempre. Donde te encontré a vos, nada menos que a vos, y estuvimos ahí.
Porque las calles hablan, me hablan.
Pacheco de Melo me dijo tantas cosas. También ocultó y atestiguó otras tantas. Y mirando a "La Bourgogne" estaba nuestra casa, y hoy seis años más tarde ya no duele. Ni daña.
Arenales, pisos 9º y 10º, al que me juré volver.
Y Medrano donde era todo tan nada que tu todo ahí, entre esos muros, era tanto.
Si la certeza nos abarcase, si no hubiera dudas de que lo insólito y lo muy deseado siempre llega. Aunque sea para demostrarnos todo lo contrario.
Y si, creo que se trata de eso, de haber dejado huella.
Esta calle que hoy veo desde arriba es una en millones, tal vez ahí naciste, o era la cuadra que transitabas en tiempos de escuela.
Jamás sabré si alguien habrá vivido algo tan fuerte en Tres Arroyos, que abandonó lo fantasmal para convertirse en trazo imborrable.
Mi árbol en Quila Quina seguramente es un árbol para casi todos. Aunque tampoco tendré el ego de creerme única e irrepetible en mis elecciones, porque cuánto más importante pudo ser de hecho, el rastro de ese otro. Significado. Huella. Que ignoraremos siempre.
Y me derivo y pienso qué tan nuestro es ese otro que sentimos como propio. Qué tan de otros seremos nosotros ...

6 de enero de 2010

Viceversa

Hoy estoy tan viceversa ...

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.


Mario Benedetti

En estos años te he escrito tantas veces ...
Por ejemplo esto, esto, esto y también esto.

Y alguna vez también:

Hoy te extraño
¿Haber sabido ayer de vos?
¿Qué ya volviste?
Volviste a un "allá",
que tampoco es "acá".
Y que paz saberte en tu lugar,
aunque ya no se trate de este,
y lo que hoy nos cuesta ponernos al tanto ...
Si, como era antes.
Más al tanto que nadie en este mundo.
Porque nadie en este mundo sabía más de mi,
que vos antes.
Una convivencia "veinticuatro por veinticuatro"
separados por las horas "de dormir".
Una convivencia de largos e ininterrumpidos años.
Si sabías más de mi que yo misma ...
¡Y ahora estás tan lejos!
que aún desconozco como lo sobrevivo,
como lo sobrellevo.
Estás,
intuyendo siempre cuando llegar,
con la palabrita justa,
con la frase acertada.
Con esa que aunque haya consultado mil voces
sólo vos podes decir,
sólo de vos se escuchar.
Y no se si fue por eso que anoche
soñé con vos y hoy,
apenas llegué necesité contártelo,
a medias ...
Te volví a preguntar por este espacio,
omitiste responderlo.
No es la primera vez que pasa,
que te pasa.
Tal vez deba tomarlo como respuesta.
Y en el sueño viajábamos y era Uruguay ...
Un Uruguay como Carmelo
Y la meta era ver a mi amiga Claudia ...
Si, Claudia, mi amiga
la que no no veo
desde hace aún más tiempo que el que me separó de vos.
E indefectiblemente yo recordaba que
se trataba de su cumpleaños.
Sin embargo, ambos evitábamos decírselo
y ella nos evitaba recordarlo.
(Justamente hoy es su cumpleaños)
No, si no puedo perderme ni en sueños,
ni de a ratos ...
El tema es con vos,
la decisión inevitable
de permanecer abrazados,
aislados ...
Y despertar
sin poder evitar llorarlo ...

(14 de marzo del 2008, un mes antes del "caos")

Nota al pie: premio blogger -aún no estipulado- para el que tenga la voluntad y las ganas de zambullirse en cada uno de los links ;)

Update: hoy es 8 de enero, ya hace más de un día del reencuentro y de la nueva despedida ...

28 de diciembre de 2009

El límite ...

El vacío nacía de aquel sentimiento de distancia de los otros que la había marcado desde siempre. La condenaba todo lo vivido. La huella de aquel dolor, lo llevaba en la piel. Pasado lacrado en mente, alma y cuerpo. Una memoria prodigiosa que le impedía despegar, olvidar, sepultar aquella historia, su historia, y empezar de cero como una página en blanco que intenta escribirse. Sin resabios, ni viejas angustias, ni pensamientos abarrotados que arremetían sin cesar.
¿Es que acaso no podría superar nunca la distancia de él?. Habían funcionado así, uno orbitando al lado del otro, y esta lejanía autoimpuesta comenzaba a asfixiarla.
La luz de las velas, la chimenea, el atardecer compartido habían sido los últimos testigos de tanto amor. Casi a modo de ritual pasar por la casa que compartieron. Ignoraba si tendría las fuerzas, el coraje. Pero mucho más la lastimaba el eterno vacilar.
Una caminata que lograse descomprimir y marcar su número, temblar, que el aire falte y sentirte ...
Escuchar tu llanto de emoción que no cesaba. Y hoy saber que sigo siendo tu luz, tu sol, tu amor, tu vida. Darnos cuenta que puede pasar el tiempo que sea, vivir lo que cada uno elige (o puede) vivir, sobrevivir. Y un juego macabro el que nos mantiene separados.
Porque es escucharte y que vuelva a cobrar sentido todo. Que no nos tengamos que explicar nada. Que todo lo sepamos, lo intuyamos. Que la vida merezca ser vivida por la sola esperanza de que nos vuelva a unir. Tomar conciencia de la cantidad de botes encallados que se intentaron remar en pos de la salida, de la huída. Y la cantidad de caídas, que dolieron y duelen. Y es escucharte y descubrirme, y que me recuerdes quien era yo. Demostrame que se puede, que aparte de tanta burla algo nos tendrá deparado el destino. Ya no más. Ya basta. Un camino que carece de rumbo. Un permanente subsistir.
De diversidades, satélites, recuerdos, sabores, e ilusiones naranjas ...

23 de diciembre de 2009

Felicidades múltiples y repetidas

Encadenadamente y sin interrupción su celular, con el habitual nada agradable y poco estresante sonido, como la casi totalidad de la agenda telefónica del mismo, auguraba felicidades inminentes. El moderno y más que elocuente aparatito saludó en dos horas tal vez, a todos lo que no recordó hacerlo en un año, o quizás más ...
-Paz y prosperidad para el año que comienza.
-Que en el 2010 se cumplan todos tus deseos.
-Gracias y feliz navidad para todos.
Nada muy distinto había ocurrido con su correo electrónico, que con más criterio y objetividad evitaba el augurio enviándolo directamente y sin mayores disculpas al siempre venerado "spam".
Hubo un saludo en particular que le resultó aparte de sorprendente, sospechoso, sarcástico, ilógico...
Se habían conocido hace cinco años atrás, casi por azar.
Ella había puesto su departamento en venta acosada por las descontroladas fiestas de su vecino favorito, el de al lado. Sí, el mismo que no la dejó pegar un ojo por nueve meses y por el que casi "conoció" al elenco completo del plantel psiquiátrico de su medicina prepaga. Pero esa es otra historia, y no la de Alberto; el del mensaje, ¿inapropiado?, ¿atemporal?, o simplemente tan inesperado ...
El se fijó en ella desde el primer momento en que la vio (acudió a partir del aviso inmobiliario) no tardaron en congeniar, ni él en invitarla a compartir café, cena o algo similar. Sin embargo, y a pesar de que hasta ese momento los unía sólo eso, el día que ella eligió homenajearlo con una cena por su cumpleaños -se llevaban casi quince años- conoció delante suyo y por intermedio de uno de sus nuevos vecinos, al que consideró sería "el amor de su vida".
O sea, la escena fue más o menos así, pasado el par de horas del atípico cumpleaños, inminente y futuro novio invita a los presentes a retirarse ya que "los dueños de casa" deseaban descansar y así logra por vez primera quedarse a solas con ella (mano que pediría siete días más tarde), y expulsar de la casa al homenajeado.
Hoy no existen en la vida de ella ni el "ex no marido", días más tarde novio oficial, ni por supuesto el ex homenajeado.
El mensaje decía, "que pases la mejor de las navidades rodeada de tus seres más queridos", a lo que ella respondió: "gracias, es lindo saber de vos con tan espontáneo saludo, ¿o acaso mi número se chispoteó en alguna larga cadena navideña?", y decidió contarle brevemente que no se trataba del mejor año de su vida y ni siquiera vaticinaba cambios mágicos para el venidero, que "su ser más querido" ya no estaba...
Él tampoco dudó en contestar que por su parte tampoco pasaba el mejor momento de su vida, ambos padres con alhzeimer y un hermano más que ausente, eran motivos suficientes.
Coordinaron un futuro texto y/o llamado para las primeras semanas del nuevo año.
¿Pasarán acaso trescientos sesenta y cinco días más para un nuevo contacto? ¿o sin mascaras, disfraces ni protocolos podrán saludarse, verse las caras, charlar de antaño?

Nota al pie: ¿podríamos alguna vez ser auténticos, concretos, afectuosos, espontáneos, consecuentes, congruentes durante todo el año?

18 de diciembre de 2009

De verdades y de fines

Bueno, a algunos ya se los conté aquí.
Se trata de otra de las historias preparadas para mis "tardes de letras palermitanas" de los miércoles, para las que intuyo se avecinan cambios ;)
Hoy por hoy ¿nada se pierde todo se transforma?, ¿Nada permanece estático?.
Un beso a todos

De verdades y de fines

Bastó con un descuido de él. Un correo electrónico abierto sumado a la curiosidad de Leticia que le impidió retroceder, detenerse. Intuyó que ahí estaría la clave de todo. Pero jamás hubiese estado emocionalmente preparada para resistir tanto. El futuro volvía a ser un abismo.
Un día, a la hora de almuerzo, empezó a llorar. No le explicó la razón a nadie. Ni ella sabía por qué lloraba ...
Odiaba que la viesen vulnerable. Detestaba flaquear. Después de todo nadie en su entorno laboral gozaba de su entera confianza.
Santiago tenía treinta y ocho años. Cuando él nació, su hermana ya existía, y el núcleo familiar más cercano estaba constituído por “hermana, madre, abuela, tía y prima”. Sus padres estaban separados y a decir verdad tampoco lo unía a él una buena relación. Pero a pesar de que empezó a cansarse de vivir sólo entre mujeres. Mujeres, mujeres, mujeres, desde temprana edad también y sin intervalo, tuvo novia. De “profesión novio”, lo llamaban sus amigos. Ocho años compartió con la primera, seis con la segunda -su gran amor-, Leticia no lo ignoraba, pero llevaban más de tres años juntos. El psiconálisis en el que ella tanto había insistido, lo había ayudado mucho. Era más que seguro que ya había superado aquella ruptura ...
Ese mediodía entre lágrimas que intentaba ocultar, tácitamente y de improviso intuyó el fin. Días atrás habían mantenido una larga charla. Una de esas tantas que a menudo suelen tener y que no hacen más que confirmar la cantidad de puntos en común que los mantienen unidos. Cuando ella propuso aquel encuentro, él respondió que no podía. Y ella, que tenía que ser ya. La urgencia no solía caracterizar a Leticia. Su apariencia tranquila, su comunicación siempre clara y correcta ...
Pisaba firme en la vida, nada la detenía. Cualquier obstáculo era un desafío y siempre parecía tener el dominio de cualquier situación.
No toleraba más la falta de proyecto común. No había siquiera indicios de una futura convivencia. Ella con más de treinta años, anhelaba formar una familia. Y a pesar de la aparente negativa de él siempre se había considerado capaz de hacerlo cambiar de idea.
Este verano tampoco viajarían. Impedimentos laborales de él. ¿Excusas? Hacía meses que sólo compartían los fines de semana.
Algo se quebraba. Algo parecía indicarle el fin.
Bastó con un descuido de él.
El, Santiago, nada omitía en aquella confesión a su mejor amigo, desde hacía años residiendo en Nueva York. Sus propias palabras reconocían en Leticia a una gran persona, a una excelente compañera, pero la casi irreversible posibilidad de sentir alguna vez amor por ella.
Las lágrimas cubrieron su rostro, sintió que se asfixiaba, creyó desmoronarse, el pecho comprimido y su certeza ahí plasmada. Su viejo fantasma cobraba forma. El antiguo amor de Santiago había reaparecido azarosamente en su vida, y él nuevamente planeaba apostarlo todo.

14 de diciembre de 2009

Amiga

Ya sé que sentís que llegas tarde a todas partes. Que observas como la realidad pareciera estar ya definida, sentenciada, y no ingresas en ella. Si es todo tan raro desde aquel día.
Los colores no volvieron a ser los mismos, el aire no se respira igual, la música suena diferente. Si hasta los sabores cambiaron. El ritmo de la vida pareciera otro ...
Sin embargo, y a pesar de este sentimiento arraigado, ves que todo cambia, sin aviso, sin mera señal. Y no te adaptas.
Los cambios te cuestan, te costaron siempre (en eso nos parecemos mucho) pero hay algunos que hoy te resultan practicamente inmanejables. Como si ellos te manejasen a vos...
Mientras a tu alrededor, el resto se rearma vos no hallas los cimientos, ni la base sobre la cual construir, construirte...
Y pareciera mentira como transmuta, varía, se arma y se desarma todo a tu alrededor sin que tengas el tiempo de asimilar, procesar, darle el justo valor a cada cosa.
Pero, si hasta el mínimo logro se desmorona! Yo que he estado a tu lado siempre, lo sé de sobra, amiga.
Cuestan también las nuevas ideas, y las pocas que se atreven a asomar están sostenidas por los mismos y vulnerables cimientos.
Sentís que cada acción debe tener un gran fundamento. No barajas el hecho de “hacer porque si”, “porque hay tiempo” –para todo- porque sencillamente nunca pudiste verlo así. A veces un simple pasatiempo te genera ansiedad, como si el alerta, y lo urgente de todo lo vivido aún lograse que te manifiestes así.
En alguno de tus intentos desesperados, tomaste conciencia de la velocidad a la que venías. Velocidad dada por la alegría. Por ese volver a confiar que te otorgó el enamorarte otra vez, cuando todo y desde hacía tanto tiempo parecía nacer y morir en él.
Un por y para que, que ya no tenía base alguna y que sólo se sostenía por ese don que siempre tuviste para amar y entregarte al otro sin medir riesgos...
"En el amor vale todo y los de afuera son de palo" solían coincidir con él.
Si pudieses soltar y volver a empezar. Si lograras desaferrarte, si esta nueva despedida la convirtieses en aprendizaje y no en castigo. Ya sé, ya sé que lo vas a extrañar. Porque siempre te cuidó. Y a pesar de todo, lo entendiste siempre. Y en un punto están como hermanados.
Te cuestan tanto los adioses como los para siempre, porque suelen asfixiarte. Y la rutina te agobia, necesitas crear, necesitas sentir que cada día merezca ser recordado y a veces esa exigencia te impide “libre vivir”.
¿Y que como te viene costando todo?, no te preocupes, lo sé mejor que nadie...
Te quiero, yo.

 
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