27 de febrero de 2013

Errantes


Socavaron. Llegaron al fondo, al límite. Histriones del propio haber, y sin embargo fueron las sombras; maldad intrínseca. 
Pero, como el árbol que está de pie. Como el junco que lo doblegan y sigue erguido. 
Y es también dicotomía, recordar y olvidar. Soltar y retener. 
Miedo al miedo. A que no vuelva a ser como antes. Cuando veía las flores en los largos trayectos, y regresaba con escenarios hechos fotografía. Cuando los sabores eran distintos y la mínima pausa, respiro.
Cuando no había suma de horas. Cuando no había conformismo y sí coraje. Cuando nada era un todo; ciertamente. Y lo hipotético generaba expectativa. Cuando no había que trazar ruta. Porque cualquier ruta era itinerario sin alarmas. Sin templar para avanzar. Día tras día, mes tras mes. 
Es impalpable, etéreo, pero es.
La ecuación era simple; tendenciosa. La libertad se vuelve aplastante. Porque no surge, no nace. Porque hay que hacer, hacerse: disponibles, ni cobardes ni subjetivos.
Y acaecen, y nada es bueno ni malo en sí mismo si contamos con nosotros mismos. Los protagonistas principales; los autores de esta obra llamada vida.
Porque triunfa el pasmo contra el cálculo y la sospecha. Andando.

13 de febrero de 2013

Los jueves, relato

Desde siempre les temí a las sorpresas. Sí, tanto que ni siquiera me gusta tropezarme con alguien con quien no hubiese pactado el encuentro. Voy en mi mundo, soy memoriosa pero poco fisonomista y como anticipé nada de sopetones, solo citas. 
Tampoco me llevo bien con las previas. He decidido llamar así al período de cavilación. A esos tránsitos que anteponen un después, que jamás pero jamás será como lo habíamos previsto.
Todos mis amigos saben que para algo existen los medios de comunicación: para prever lo que digo, intento evitar. 
No respondo timbres y tampoco atiendo sin mirar el número que indica el emisor. Porque sí, porque no siempre están las ansias, o porque como dice una gran amiga, no siempre estamos visibles.  Para el mail estamos dispuestos, para el timbre o llamado no; irrumpen.
Las previa nunca anticipa lo que en verdad será y nos consume tiempo y energía como nada. ¿O acaso alguna vez algo fue como lo decretamos?
Tenía que volver después de larga licencia: acoso le llaman. Nada fue como lo supuse, y el día que menos lo imaginé se trato del fin.
Y fue también la última vez de tantas y no lo supe. Te marchaste para siempre y lo desconocíamos. Y fueron muchas remake y lo ignoré. Será por eso que detesto las despedidas.
Y cada vez que algo imaginé, de ningún modo se concretó. Debe haber una enseñanza en esto. Como en la caminata que no es ni trote ni corrida.
Pero soy aire y no tierra, y pienso y acciono por algo de fuego, pero lo que más oscila es el pensamiento y la palabra,  y la acción que cuesta y cuánto... cuando se trata de avatares y desvíos.


Más in fraganti en casa de él

9 de febrero de 2013

Papeles recobrados

Julio 2012

Confitería London City. Dieciséis y treinta horas. Futuro promisorio. El miércoles se develará el misterio. Si se encauzan por fin las aguas y vierten la nobleza: la liberación de lo vivido. Liberar no es olvidar. Permanecerá en mí.
Sos, fuiste, fue, fui, y me conformaré íntegra y fuerte; sobreviviente.
Violentó la injusticia. Injurió.


Escrito bajo el retrato de Julio Cortázar:. La London City es mencionada en su novela Los Premios.

4 de febrero de 2013

De intensidades

San Martín de los Andes
Camino de los Siete lagos
Porque la intensidad de lo vivido no tiene que ver con una medida en el tiempo, dijo él hace muchos años ya. Dan escalofríos, Aless. Este año el día D, el 24 de julio, serán diez años de tu partida, y por momentos pareciera que no pasó un segundo. Pero no es así y pasaron, y fueron muchos. Demasiados. Porque el tiempo sí existe.
Y tocó llorar y no estabas, y toco reír mucho y tampoco. Y no quiero ponerme ni poética ni melodramática, pero desde que llegó el día de la partida a tu tierra natal, el corazón se hizo un nudo y costó mucho que volviera a latir en frecuencias normales, o pisar alguna huella par.
Seguís siendo el mejor de todos, el que siempre tenía la palabra justa, cuando decías "Dos puntos: no sirve!" ¿"yo llevo el café y vos la pasta"? para ese otoño de Sur que iba a ser de a tantos y fue de a tres. 
Esperame, pará, ¿te fuiste en el dos mil uno o era ya el dos mil tres? Si ahora calculo y me desvío que el duelo número dos se lo llevó la Lu, de la que ni siquiera me pude despedir.
Era mucho. Todo era mucho.
Apego y soltar. Recuerdos imborrables. Nuestra palestra insieme, nuestros cines, nuestras caminatas. Hoy paso por Coronel Díaz y ya no lloro, pero sí pienso en que era más lindo antes y no ahora. 
Si supieras lo que pasó. Hubieras sido el primero al que hubiese recurrido para contarte; todo. Porque es marea y no remanso. Y en algo te equivocaste, amiguito del alma. Parece que a veces no hay pietà, y los arrebatos y las tormentas siguen, aunque Saturno se haya ido de Libra por una tregua de meses y  vuelva a zamarrearnos un poco más, hasta junio a los pobrecitos librianos. Yo pensé que había aprendido mucho y no; todavía falta.
¿Alessandrito tiene entonces diez u once? ¿Sigue jugando con su perro? ¿Sigue en su casita redonda? Ey ¿Conservás mi primer book? 
Alessandritos book se hizo con mucho amor dijo Pablo, nuestro profe favorito. Cuánto te quería. Por noble dijo alguna vez. Por genuino... 
Y hubo un attimo de gloria y ocaso, y te fuiste abrazándome a una gema violeta que llevé conmigo en meses venideros y muy felices. Doble duelo. 
Pero lo decís siempre que nos aggiornamos: mi vida debería ser filmada. 
Vimos una Buenos Aires muy alta desde un azul profundo. El principito de mis seis o siete años se fue con vos. El alma se quedó entre quince mil kilómetros haciendo charco, y lágrima, y memoria y olvido.
Viniste a aprender el desapego...
Virgilio, aiuto! cómo me hace sufrir, amiguito. Y eso que era el favorito del favorito, Jorge Luis, asevera "se propuso una obra maestra y lo logró".

Pd: ¿tenés alguna foto nuestra? el papel se hizo disco y nuestra ex cápsula inteligente reclutó el resto.

Más intensidades entre Simon, la luna y Cecie

30 de enero de 2013

Los jueves, relato

Flores violetas  - 27 de enero de 2013
No triangulemos que ya me han hecho triangular toda la vida entre brother y madre y ni la terapia vincular nos sirvió, cuando cerré la sesión mencionando un capítulo número uno del manual de neuroligüística: "no afirmar en positivo algo negativo, a eso le llaman decreto": te vas a caer, te va a hacer mal. Y así partí. Partimos.
Gracias, Clodito, me enseñaste tanto, aunque a veces no sirva de nada y los insanos triunfen y hagan tambalear. 
Y estás vos,  S. Graciana, que has sido una jugadora empedernida y por eso sos la dueña, porque mientras ayer me narrabas tu episodios por horas y yo los míos -con tantos paralelismos- donde no nos sobra una coma y nos falta tanto por "exorcizar": dijiste. Gracias. 
Y si nos animamos podremos empezar a jugar. 
De verdad. Porque quizás la vida sea un juego, y no hay que andar con la verdad en la mano. Y porque tal vez estaba ya prefijado y lo elegimos. No todo el mundo merece saber la verdad. 
A lo de tu tocaya no pudiste llegar. Imperaba. Y tampoco pude llegar yo, y sí volver con flores blancas y violetas; no era el día. El día era hoy de él. Por eso las flores. Las vi y no dudé. 
Le hice jurar que no triangulásemos. Si no, no seguíamos hablando escribiendo, y no entendió lo del enfermero pero si entendió,  que maldigo el libro ese que entregué en El Zaguán. 
Te quise salir a buscar por hospitales y clínicas y después me dije, no. Esta mina cree que su vida es un rosario de problemas por una institución de mierda y tres materias de mierda  (no eran tres, eran seis) y era lo único que te pedía en mi vida. Creo. Capaz me equivoco. Y no se trataba de eso. Era mucho más, era minuto cero. Te pedí siete. No me los diste. Querés verme, yo no quiero. Ya no quiero.
Tal vez, por una vez esté soltando recuerdos, como aconsejaron todos siempre. 
Y ahí me decido a hablar con vos,  Brujex, que estás siempre que uno está mal, y pueden pasar años, meses, y jamás hay facturas. Ojalá pronto te toque empezar a vivir a vos, que lo has dado todo y más , y toca vida. Y nos debemos hace tanto Las Violetas. Las Violetas y el mar y la montaña y tanto...
Vaso dado vuelta, flores violetas con blanco, y el maldito plástico no aparece. Pero muertes son otras; las de más de cuarenta días, y su por qué; la tuya, hace tres años, cuando en dos días yo llegaba, para nuestro sexto regreso. Te amé tanto. Sé que no se puede volver a amar así, a pesar de las idas y regresos en kilómetros y de los novios que me mandaste desde que te fuiste. Porque juntos estuvimos quince años, y si estás en ese lugar muy celeste, estarás viendo que hoy quizás ni ella ni yo debíamos llegar a General Rodriguez. 
Que hoy es tu día, el día de la partida, y merece el reparo. Como cuando aquella rosa cayó desde el cielo caminando Cabildo, y en días partíamos con tu Juampi para cruzar el charco en avión y enseñarle que vos los problemas los mirabas por un circulito cada vez que abordabas uno. Un circulito entre el dedo gordo y el índice cuando tus aviones se empezaban a elevar. Para minimizar. Y yo te discutiese que el nudo a veces se lleva adentro.
Asientos catorce y dieciocho de un viaje que recuerdo entre lo mejor de lo vivido. En ese viaje, tu Juampi fue director de cine y mi casita palermitana, un ratito antes de viajar, nos albergó a los tres, y a mi amiga Lu, porque también podía salir muy mal. Pero no, lo recuerdo como te digo, como te escribo, entre lo mejor de lo vivido.

Hoy no era el dia, brothercito. Hoy era el día de él, y algo tuvo que hacerme regresar a casa. Fue ineludible.
                                                                           
                                                                              *

En mi Taller ya empezó temprano en España y en tantos lados: mi "Hablar escribiendo". Yo por ahora elijo quedarme con este escrito que es de ratos un diálogo con los que ya no están, un monólogo interior, y quizás solo quizás sea el único, ya veré si hay tiempo. Porque el fin último esta vez es poder disfrutar de todos vuestros relatos.
Para contarles un poco sobre Flores Violetas: hablo con los que se fueron, con los que sí están y aportan tanto, y con las causalidades que parecen juegos del destino o misterios a develar.
Me dio mucha ternura que se hayan quedado con la foto de Julio a Alejandra, cuando les pedí fuesen libres, y fotografiaran los manuscritos, las cartas no enviadas, etc. Los espero, por aquí y por allí. Los quiero.

Juliano el Apóstata

Natalia Tarracó

Beatriz

Cecy

Sani Girona

Carmen 

Alfredo

Neo

Teresa

Leonor

Cass

Encarni 

Valaf

Manuel

Medea

Emejota

El Demiurgo

San

Sindel 

Sergio 

Rochies

María Liberona  

Dorotea

Pepe

Eduardo

Cristina Piñar

Gaby

Matices

Fabián 

Lucía M. Escribano

Juji

Mar

Juan Carlos

Javier Noya

Miralunas

Censura XXI

Toni

25 de enero de 2013

Buenos Aires también existe


Recorro tu calles ahora que es posible, porque, como alguna vez dije: "Buenos Aires también existe", y existe más cuando lejos de los ruidos del año calendario, enero le da tregua.  
Todos los caminos conducen a Arévalo, y pensar que pudo ser 2305. 
Y mucho antes me detengo en una imagen de Xul Solar y en una casona de Dorrego a una cuadra del Zaguán que sí descansaba, y mateamos con Borges en las cuatro esquinas, las que tanto hablan; las que hicieron creer y descreer. Donde el verde fue rojo. Y el rojo dio fuerzas pero robó paz y certezas. 
No se si fue casualidad que los primeros libros fuesen los suyos: El alma de Gardel y Fauna y Desplazamientos, después de tanta espera. Espera de calzada. Espera de letras en molde que aguardaban desde antes. Desde una ciudad en llamas que culminaba con brindis por tanto logro. Pero una vez más lo consiguieron. Una vez más. Una vez más, tarde.
Desde hace un tiempo juego. Me rodeo de piedras. Me eligen, las regalo, me las dan. Se quedan conmigo. 
Una noche de mucha luz en la esquina de Santa Fe y Maipú. Tan borgeana. Era Petit Paris; lo es. Aunque hayamos estado ahí Torquato y Regina. Por primera vez lejos de sus obras.Y a la derecha estaba su casa, la que hoy tiene placa, donde comienza el recorrido que fue tan suyo.

Y hay un San Telmo que me dejó con ganas, hace muchos días. Porque ahora los días transcurren distinto.
Porque camino Moldes y ya no duele. Porque es otro día y otro tiempo, y las fechas ya no alertan ni apagan el presente continuo.

Nota al pie: Los espero el jueves 31 por ahora los journalist andan jugando por la madre patria.  Los espero con dos tópicos: "Límites" y los invito a leer y escuchar a Borges en mi laberinto, y "Hablar escribiendo". 
Los días 27 pasan cosas y éste es especial: ese día subiré la consigna. 

23 de enero de 2013

Mario Levrero


Hoy el día, es de él. Ineludible.
Bajo el gobierno de Urano y Saturno, hace setenta y tres años, nació un señor que yo iba a querer mucho, conocerlo otro tanto, aunque seguramente no nos hayamos cruzado nunca. Y si digo seguramente y no lo afirmo es porque vivió también en Buenos Aires y quién podría discutirlo.  
Acaso no son a veces nuestros escritores nuestros mejores amigos... 
Habitó Colonia y sus tiempos, Montevideo, y creo que no era muy devoto de los aviones. Tenía un tema con las palomas, la tecnología, con las horas sin dormir y los espacios, lo vacío o lleno de sus discursos; el vínculo entre una buena caligrafía y un supuesto orden psicológico. Siento que siempre buscó la paz. Ignoro si alguien le dijo que vino a regalarnos tatos momentos de buena literatura. Cuántos lo consideraron luminoso. Cuánto nos regaló en su primera persona. Cuánto nos hizo reír su detective.
Hace muy poco la causalidad, la amistad, hicieron que supiese que su casa de Colonia era hoy Posada y tardé en llegar lo que el barco y las seis o nueve habitaciones disponibles lo permitieron. 
He charlado con sus vecinos, sus casi biógrafos, y mucho antes, abrazado fuerte a su hijo -al de siempre-, y al del corazón; recorrido infinidad de estanterías buscando sus huellas; preguntado siempre por él desde que nos conocemos: desde el año 2010.
Fue por ahí, por un rincón de Tristán que nos cruzamos. Quedan pocas páginas por encontrar. Mucho por releer. Algunos consideran que eso es un lujo a celebrar.
Cómo un Larga vida a Onetti terminó siendo Levrero Luminoso, con los ojos llenos de lágrimas de Marcial. 
El jueves próximo, un juego propuso la página cincuenta y tres del libro en el que estemos sumergidos y a pesar de La Eneida, mi verdad tiene que ver con El alma de Gardel, y que en paz descanse...
Sé que me enamoré sin retorno desde Dejen todo en mis manos y que también supe esa tarde montevideana, con mi ventana que miraba al Solís, que sería para siempre. 
Aún escucho tus palabras: "y eso que no has descubierto La máquina de pensar en Gladys", y entonces me traslado a Luján, a un 57 para charlar un ratito con vos, Jorgito, y entro en El Sótano para saber mucho tiempo después que ese había sido tu hallazgo y tu enojo, Nico. Aunque en aquellos primeros cafés de La Paz recuerdo que dijiste inmediatamente Gelatina.
Hoy es su día. 

17 de enero de 2013

Vuelo de pájaro


Inconcebible, irrompible, inimputable.
Aconteceres que carecen de motivo aparente a pesar de los futuros inmediatos donde hallamos la razón; porque quizás lo elegimos, porque tal vez lo olvidamos, y no obstante ello: descifrar lo indescifrable, develar el misterio, luchar contra los caminos prefijados.
Cielos cuadriculados. Edificios que aun ignorándolo así lo logran.
Te busco, te encuentro, me guardo en los crepúsculos de una ciudad de confines sin nombre.
Soy, estoy, con la misma convicción de siempre; mi lugar está mucho más lejos, donde los pájaros, las flores, la brisa, el lago y las rocas, me devuelven al sitio de donde jamás partí : mi Sur.


Pinturas-de-nancy-rolando

17 de noviembre de 2012

En mis manos


Fueron muchos los avatares, y no por ello carentes de sentido. Pero ya es un mes de tu partida, planeta maestro, y por cierto que he notado la diferencia entre obrar con una mochila que además sobrepasaba y confundía por la multiplicidad de opciones, de imperiosas soluciones, de las más imprescindibles decisiones.
Abofeteo permanente. ¿Te lo creíste? Ya no es la edad de la inocencia.
Genero o generan; lo desconozco. Quizás en algún otro plano nos sea develado.
Azar o camino reglado, y ahí la desubjetivación, la impotencia, el "no" como costumbre ineludible: no te toca a vos, y ahora tampoco.
¿Seré sospechosa? como sostiene Houellebecq en su isla. Cruzo el río una vez más. Sola. Como casi siempre; sola es como mejor puedo propiciarme las pausas para el alma. También antes, cuando no entendías nada y entonces dolía. Cuánto...
Dolía porque acunábamos la idea de que todo llega, pero claro, "cuando llega tarde deja de ser justicia". 
Por eso, por eso mismo vivo en presente continuo. Lo mejor para mí "cueste lo que cueste y caiga quien caiga". Y sumar. Sumar gracias. Treguas. Reparo. Intensidad; a pesar de los entornos y las vicisitudes.

3 de noviembre de 2012

Abreviados


Somos segundos, milésimas. Maniobrados.
Y te siento, te quiero; te eludo. Fortuita la noche. Te trae.
Fuimos ínfimos, abstractos y enormes. Subjetivos. Intensos y cobardes. 
Y quieren nacer insolentes, las lágrimas. Aunque la alegría esté. Más allá de la tolerancia, del perdón, de la aceptación, del dolor del beso ausente; de las orillas. De tus manos.
Sí, tus manos que se van, que detienen, alejan y sostienen, y amarran, y anudan. Contienen. ¡Cuánto!
Maniatados.
Desafiamos. Detuvimos y evitamos, aunque de a ratos: oprima, ahogue.
No fue la vacilación sino la alarma, por si acaso, por si después hiere.
No salimos ilesos. Asediados.
Pretende. Interpela. Nos querella.
Persistimos, resistimos: distraídos, abreviados. 

30 de octubre de 2012

Octubre


Suma de días, kilómetros y rutas distintas; desvíos inesperados. No tener la menor idea de quién era ella, y terminar siguiéndola por todo su recorrido porteño. La tarde de aquel miércoles en Malba donde viajamos, decididos, a los tiempos de Arturo; desciframos símbolos, y despejamos mitos. Me lo juré al salir: toda actividad sería interrumpida, hasta haber transitado por los tres encuentros. La duplicidad de caminos, la decisión, la pregunta, la no pregunta y su consecuencia. Epicentros.
Y cuánto cuesta salirnos de nuestros yo e interpelar, permitirnos ver y vernos. Porque de haberlo hecho el resultado hubiese sido otro. 
La noche en Palermo, en una Fundación a metros de casa, donde nos detuvo Jung y su libro rojo. La letra D, la E, las ilustraciones; los signos. Los dilemas.
Nada anticipaba para ese entonces la mañana mágica que sucedería a aquella noche, tan imprescindible como ardua. Porque por más que la ida de Saturno haya traído la pausa, los avatares no cesan. 
Nuestra segunda foto, cuando la primera tenía ya dos años y algunos meses. Nos habíamos conocido en aquel contexto donde los laberintos condujeron a la magia y al cambio, a tantos porvenires inesperados. 
Confirmar que también te inunda la claridad, el andar calmo. No, si no te eligió por nada...
Ya veníamos de un brindis muy especial, de una noche mágica del pasaje a esta reciente cifra, con la posibilidad de descubrir un nuevo Aleph, cuando todas las coordenadas coincidieron para que así fuese. Descubrirme bajo los eucaliptos de una noche muy arbolada y diáfana en su Adrogué. Magia y azar comulgaron. Con aquellos otorgamientos que nos da el don de la aceptación, cuando dejamos de culpar externos.
Y cedieron las demoras, hasta aquella del arribo de las primeras "letras de molde", desde la madre patria... Los textos que quiso la ventura o el destino, fuesen esos y no otros; coronando encuentros y celebrando por tanto de lo recibido. 
Pero tanto, y no era todo. Después de veinte años de aquella vez, cuando zambullirme en sus letras significó el hechizo y la fascinación, la conclusión de aquel camino. Su Ética para Amador fue eso y más, y pude contártelo. Descubrir otro rincón en el mundo. Sí, porque mi paisaje está lleno de rincones, de esquinas y lugares que hago míos.
No hace aún un mes, la suerte también quiso, que el río se enangostase una vez más, y a pesar de las lluvias plateadas se tratase de tres días de ensueño. Donde todo lo que fue debía ser, y por algo. Gracias, paisito, porque siempre estoy en casa... 
Para ese entonces faltaban treinta y cinco días para volver; hoy falta sólo una decena, y entonces un cuento me abrirá sus puertas. Muros que hablan. Historia para nada vacía...
Estaré ahí y me entrego a lo que el destino tenga escrito. Solo auguro estar bien despierta, porque es atentos como mejor vemos, y lo suficientemente distraída para que nada apremie, para perderme entre tus calles sin tiempo, dispuesta a todos tus acaso... 

24 de octubre de 2012

Los jueves, relato: de colores...

Se trata de ver y de mirar, de percepciones, de poder, porque no basta con querer. Porque a veces es nuestro mayor anhelo, y sin embargo no lo alcanzamos, olvidando cómo fue cuando de verdad fue. Cómo antes sí y ya no. Hoy no. No hay fórmula.
Entre lo mejor de lo vivido recuerdo los colores, casi tanto como sus músicas. Pero triunfan ellos, los tintes: el brillo en el aire, los paisajes de lavandas de mi sur, los violetas y anaranjados de los atardeceres en Arrayán, los crepúsculos descendiendo sobre el Nahuel, desde alguna ventana del Hotel Correntoso; el Paso del Córdoba regresando a casa...
Los días lilas y celestes en las tardes de Castex y Coronel Díaz, en aquellos años de una casa verde, tan verde como el atuendo que me acompañaba la primera vez que llegué; cuando el número de la entrada me anticipó el resultado. Era 2899, y yo tenía veintiocho años y corrían para ese entonces los meses previos al umbral del nuevo milenio. Los verdes de Juez del Valle: tu lugar en el mundo es verde.
Una mañana de amarillos, portadora de tanto después inesperado. Los sueños se cumplen...
Una gema lila, casi transparente, se quedó conmigo; la trajiste de tu Roma natal, cuando seis años nos separaban del último abrazo. Cuando se despedazó el alma, y sentí me evaporaría en llanto.
El Patio de los naranjos y, en tus brazos, un domingo de junio gris.
La tarde en Rincón que fue adiós, cuando aún vibraba en mi ser todo, la noche roja de un Séptimo cielo, y apenas bendecíamos haber llegado a aquel Balcón, iluminado por tus velas...
Y te veo en naranja. Siempre te vi naranja; desde que miraba el río, en la bajada del sol de los confines. Cuando ese mismo río que ya nos separaba, aunque lo ignorásemos, preludiaba el fin del día, y daba inicio a aquellas mañanas, que no por escasas, no permanecen intactas en el recuerdo. Porque la intensidad de lo vivido no tiene que ver con una duración en el tiempo.
Aquella alfombra azul que nos enlazó infinitas veces. Jugábamos en azules. Te amé y fui tuya en esa casa que hoy, aun cercana, ya todo lo calla; como si no hubiese sido verdad; como si jamás hubiera sido nuestra.Ya nada; no tiene nada por decirme. Y tampoco duele.
Y esta casa amarilla donde comulgaron almas tan lejanas, como suma y resultado de infinitas letras en juego. De tanta letra propia. De lo silencios que escribiste. De los interiores que ya no enmudecieron. De tu voz. Del color de tu voz...
De los grises y la lluvia de la mañana de domingo, que pudo ser la primera. Cuando resultó ineludible, inevitable. Urgente. 
Y también estoy allá. En Huilo Huilo. En medio de la magia de tus verdes, del agua que se reune transparente entre paredes de acantilados. 
Y allí, en mi Montevideo, en mi paisito del alma, donde el sol se calla con pereza, y la lluvia más plateada, no oculta tu naranja. 

                                                                                         Hay muchos más en casa de ellos

 
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