27 de julio de 2012

El tiempo de un instante


Tuvo que no ser mi Sur, 
el nuestro
y una casa amarilla, hoy lavanda
Aquel 14 de abril
la calle arenales
Mi carta
Decir adiós cientos de veces
y todos aquellos ocasos
Confiar y errar
Tuvo que conocerte
Una primavera, y en octubre
y ser su primera hija
aunque ya existieras
Conjugar muchas letras
Recorrer tantas historias
y los brívidos innumerables
Tuvo que ser ese día y a esa hora
El Patio de los naranjos
El cruce del río
Un domingo en el mercado del Puerto
Las calles de aquel mar de junio
La tarde en París 
Un tren en la Bourgogne
El azaroso encuentro
Las noches de desvelo
los sueños 
El hallazgo fortuito
Los diálogos con el lago
Irte y volver
para volver a partir
y haberte ido para siempre
Treinta días y treinta noches
y el encierro que hoy es un instante
Un saxo y el tango
La magia y el desengaño
La vida entre paréntesis
La desesperanza
El anhelo logrado
El bosque
Los empedrados
Los regresos 
El abismo
Los no por si acaso
Todo lo que no fue
tuvo que haber sido
así
Intacto.

17 de julio de 2012

Fortuito


Cuando algo iba a ser distinto, nada ni nadie lo anunció. Nunca nos alertó aquel día, del paraíso que auguraba, de la variante incipiente; del encuentro.
Latía una mañana como cualquier otra, sin inquietud ni sospecha, y sin embargo, nada volvió a ser como antes y nuestro cotidiano nació así: frecuente, conocido. 
No hubo mapas ni guías, ni vaticinios ni avisos. Nada indicó que después de aquel amanecer se suscitaría tanta vida.
Pienso en qué o en quién se empecinó, y arremetieron hasta que, sin destruirnos, nos involucraron en tanta historia ajena. Historia que fue y es, y que cambió para siempre nuestros devenires. 
Y en esta película, de la que desconocemos el ocaso, donde las respuestas cobran sentido no antes ni después, y de la cual todo ignoramos. Si llegará el día de las justificaciones, y ya no dolerá ningún desacierto.
Si hubo razones para que este presente sea este y no otro, para que una vez más los aconteceres, las elecciones, no fuesen lo que ansiábamos; por qué una vez más, la comprensión y la paciencia...
Camino entre avatares, y se cierne de dilemas y opciones sin razón aparente. Si es por algo, si es por nada... 
Vadeando inciertos, avanzando azarosos; dominados en lo fortuito del sendero.


27 de junio de 2012

Estigmas


Estoy en una cama, lejos de mi casa, es domingo, y todo es gris. Lejos de mi ciudad y de mi gente, de los cotidianos irrefutables. Llegué a donde siempre quise estar. No lo sabía, lo intuí mucho tiempo, cuando desde los balcones de flores de lavanda que miraban el río y los atardeceres naranjas, algo me decía que este mañana estaría vivo. Miré hacia aquí, desde una Buenos Aires sepia, a la que aun le quedaba tanto por darme. 
Estoy acá, hace frío, el mediodía trajo tu abrazo y un almuerzo juntos. Un almuerzo en los suburbios de esta ciudad, la tuya, que tanto amo. La amo con el alma, su nombre; oír su nombre, eriza la piel; brotan lágrimas, las de la certeza, las del hallazgo, las del anhelo cumplido.
Nos despedimos hasta más tarde. Emocionados, ahogados de deseo, cubiertos de estigmas, derramados; nuestros. 
La siesta no trajo el sueño; fue vigilia y ahí estabas; conmigo, entre sábanas húmedas, revueltas, que no dieron ni el reparo ni la pausa, porque estabas ahí. Tu voz en el teléfono cesó la fuga ilusoria. 
Ni viniste esa tarde, ni esa tarde hecha noche; ni al día siguiente, ni en el mes venidero.

Intento cobijarla del dolor que vendría, decirle que una vez más no era su falta, que lo había dado todo y más. Destino...
La ambivalencia y el descuido,  porque la tierra nos devuelve la mitad, que antes fue una. Pero bastaría con poder recordar. Uno de dos no supo, no pudo. Olvidó la misión ancestral, la meta. 
Le recuerdo que es íntegra y que podrá una vez más; renacer, transmutar. Que es mucho lo que le espera: descubrir, afrontar. Que aún hay fuerzas. Que parece que no pero sí.
Que sería preciso mucho tiempo. Pero lo lograría. Que los días veintisiete pasan cosas. Que está escrito.
La cubro en un abrazo, intento protegerla; que me escuche. No me cree. Aún apaña, todavía confía. 

Pasaron dos años, el mismo gris; el brívido: sacude, fricciona. Las lágrimas, están retenidas; un sollozo que es nudo. Un imposible determinado. Un devenir prefijado. El dolor es el mismo y es otro. El cansancio es mayor. La fe declina. Ya no dolés vos. Volví a amar, sabés... pero no es y no será, más que lo que ya es, el sentimiento incondicional. Su ofrenda más noble y franca. Su verdad más pura e inmutable. 

23 de junio de 2012

Los premios


Una piedra roja, un libro de Simone y un jardín de cerezos: hallazgo, causalidad. Una cornalina en la mano izquierda. Aún no te fue dada. 
El vértigo del ayer concluso e insignificante, no había un por qué; el desvío de doce años, el letargo, en pos de tanto. De vos que ya no estás, y nuestra casa en la montaña, a medias. "Buenos Aires", demorando, interrumpiendo...
Hoy no estás, y quizás debió ser así. Y aquel marzo llovió de lágrimas nuestro Sur, cesó la espera. Lo desconocíamos. Era la calle Primera Junta, muy cerca del cerro; de los cinco kilómetros diarios que debías caminar para sanarte. 
Una piedra roja que compense el fuego ausente, que trascienda el pensamiento y traiga la acción. Que cesen el laberinto y las vacilaciones; la ansiedad y el desconcierto. 
Preciso reparo, de tanto absurdo. Que llegue la réplica.
Si nada fue por nada, si se trató solamente de direcciones incongruentes. Si la huella impar nos condujo por azar, si la contingencia y los por si acaso, si todo fue por nada. Si no hubo sospechas.
Quiero el premio; tu abrazo y compañía, la razón de este encuentro. Las fuerzas para no torcer. Así, sin más pero juntos; resarcidos del revés y los tropiezos; sin temores. Verdaderos.
Las calles recorridas son otras, quedaron iluminadas por la estela. La que traza nuestro andar. La que nos devuelve y compensa.
Julio fue el testigo, la claridad de la pausa, de la misión cumplida; que el azar o el destino, digan lo que digan. 

Volví a mi casa, la de la infancia, en sueños. 


16 de junio de 2012

Travesía


Rodea la meta

Tránsito indemne 
Suma de días.

Intervengo,
me alejo...

Abandono ante el enredo 
Descuidos...

Declina, 
decrece, 
mengua y aumenta.

Avatares:
dilema o alternativa...

No revela ni presagia 
embiste, 
asalta...
No se apaga; 
atenúa. 
Oscila. 
Se desplaza 
no se extingue. 
Permanece.

Que haya sido por algo; 
lo fortuito y adverso...

No fue mañana de indicios. 
Omitieron la estela. 
Hoy son huellas...

El dilema no ha sido resuelto;
ignoramos los esquemas. 

Vacilantes y certeros 
andamos, 
desconociendo 
de motivos.

10 de junio de 2012

Fragmentos


Es la fusión. Tu ser y el mío astillados, convergiendo en un todo que se fracciona y une en intervalos.
Fue tu llegada plenitud y olvido, de aquello que quebrantó hasta romper, en trizas, en cenizas. Volviendo añicos un pasado hostil, que inacabable, se tornó presente y porvenir. 
Son los fragmentos, los ratos de nosotros; sostienen y sustraen del cotidiano adverso, de los resultados contrarios.
Hallarte fue diáfano en la noche, en el avatar de los días incompletos y periódicos.
Me devuelve el sentir, la mitad perdida, el fracaso arbitrario; imparcial.
Vivo en mí, en todos mis adentros; se alejan las sombras. 
Tus ratos completan el suceder de los días. Unifican y enlazan, a pesar. De la ambigüedad y la incongruencia, de la afección certera y futura. De esta consonancia que qué será en lo venidero. 
Porque fue en el prefacio y fue ineludible, cuando tu ser todo sació la suma de descuidos; cobijó los anhelos. 
Tenerte es el todo. Rozarte es extremo. Y confluyen y coinciden y se unen los límites. Y sostengo tu disparidad, tus fases, tus cambios y el fluctuar; el énfasis. Tus miedos. La incertidumbre.
Somos en los ratos de la dádiva. Los que nos otorga el devenir. Suscita. Y no te evito. No me protejo ni amparo, ni esquivo, ni eludo. Te abrazo. Y lo fortuito...
Así como sos. Impensable y absurdo. 
Das sentido. Justificás las esperas. Los tiempos de pausa...
Y relumbran los grises. Y los lugares más corrientes. 
No se encubre el sentir, que asoma, que surge: ineludible; íntegro.

30 de mayo de 2012

Suma de días


Tantos... efímeros, perecederos. Pero amanecieron días distintos, sin anticipos ni indicios, sin latidos ni escozores que anticipasen el reto, ni los aromas anunciando que perdurarían intactos en el recuerdo; presentes en cada instante del hoy. Fechas señaladas; cartas marcadas, en el calendario de la existencia...
La fusión con tu piel, tan mía. La comunión sublime. Respirar distinto; con la certeza del acierto.  
Días que cruzaron caminos insólitos. Encuentros imprevisibles. Eternos. 
Perdurarán cual tesoros.
Recuerdo aquel que cambió el rumbo; no había habido ni el menor indicio. No, no hubo señales. Pudo ser como tantos otros; idénticos, sumidos en la rutina de un ordinario olvidable. De horas repletas de minutos infinitos hacia ninguna parte. De la sorpresa infrecuente, sin el brillo de lo imperecedero.
No caduca tu imagen viva, en cada paso que doy. La huella labrada, inmortal del encuentro.
Qué los propician...
Las decisiones o el azar. La buena fortuna o el destino. La acción o la pausa. Qué lo quiso así...
Dónde partieron los días que no vivimos, los futuros que no fueron. Las elecciones. El abandono de los sueños, el cansancio ante el reto. El error. La cobardía. El desánimo. 
Cuándo mi existencia pasó a convivir con tu imagen permanente. Cuándo tus pesares fueron los míos. Cuando tu ser abarcó todos mis rincones, hasta aquellos que te son ajenos.
Mi idea de vos que no necesitó de nada más. Y los tiempos de pausas inconclusas, incompletas. La espera; la esperanza de un mañana inesperado, generoso en la energía y las fuerzas; la fe. La meta alcanzada.
Cuando imantábamos, cuando las causalidades nos buscaron. Cuando los pasos condujeron al momento justo, al lugar indicado. Cuando ningún obstáculo pudo con nosotros, y todo fue propicio, y ni los retrasos, ni las demoras, ni los tropiezos...
Y no hubo absurdos y todo tuvo su por qué; nada era riesgo y el resultado evidencia. La energía viva; el contento. 
Las circunstancias que conforman este hoy. Los sinsabores. El cotidiano insistente. 

19 de mayo de 2012

Reconstrucciones


intento recordar, traer a este presente a aquella que fui, a la que no sabía de vos; la que tenía una vida donde no eras parte. Quién era yo. La que transitó años y lugares y gentes, inicios y fines, y sufrió y vivió y fue feliz alguna vez, y sintió que la suma de pasados se habían conjugado para un presente perfecto, que todo revés había tenido su por qué. Hasta que se trato de tu muerte... De los adioses tácitos. De no saber cuándo ni cómo fue el fin.
Trato de pensar en la que deambulaba por las calles de un mar con la sola ausencia de su alma hermana, aquella que había decidido el fin sin retrocesos ni vacilaciones; la que decretó el basta ya, sin contemplaciones ni falsas creencias. Costó, sí costó. Tanto que era casi imposible pensarlo.
La que vivía en la montaña, rodeada de cielos y de brisas, de ripio y atardeceres, con el lago como único testigo.
A aquella la inquietaban otras cosas. Tendría otros sueños. Ignoraba lo que vendría; que fue tanto...
Y los amigos del alma, los de los caminos paralelos. Porque afrontar los días junto a vos, fue hermoso. Y cuesta creer que ya son nueve los años que me separan de tu partida. Del regreso a tu tierra, aquella que ya no sentías tuya. Eras tan nuestro.  
Los 23 de mayo eran suyos, desde hacía tiempo. Los días más felices, en aquel viaje impensable, de la mano de un pasado tan dañado que se lograba expiar.
No estabas vos, no sabía quien eras. No se entrecortaba el aire ni anudaba el pecho. No pensaba en vos. 
Cavilabas ausente, rogabas la piedad de la pausa, el cese del caos. No te encontrabas, pero estimo sabías, que habría tiempo. 
No puedo compartirte. Compartirte sin que sepan, que sí sos mío, tan mío como determina tu presencia constante, tu ser en mí. Y te amé así, con todos tus claroscuros, con la ambivalencia y la contradicción, con la duplicidad que determina, tu esencia toda. Volvés diáfanos los días, llenos los instantes. Siento vibrar la vida cuando estoy con vos. 
Cuesta reconocerse en el paréntesis. En ese transcurrir de horas vanas e inconclusas que no conducen a ninguna parte. Duele este dolor del descuido. Duele la suma de dolores. Dolés vos en mí. Vos que estás aquí dentro, y cuesta respirarte, y cuesta creer que alguna vez haya otros que puedan ocupar tu lugar. 
Qué o quién determinó que vos sí e infinitos tantos no. Que pasen por la vida sin huella, que sus instantes no llenen ninguno de los espacios que cuando no estás tienen asfixia de vos, dolor de vos, lágrimas que se solazan y no brotan, y traban y descreen. 
Dejame que te quiera, sólo te pido que no me dañes. Quizás lo ignores, claro, yo, la sobreviviente, tu mejor ejemplo; no valen la insistencia ni la preocupación. No deben estar permitidos los quiebres por nada después de tanto...
Vos, vos que me decías que lo extravíe en letras, en dolor hecho letras. Vos que hablabas de brasas y de bosques, de mares y de sales, de rechazo y aceptación. Vos que sos hoy quien contrae el alma. Te suplico la piedad de verme, de verme de veras. 

11 de mayo de 2012

Incongruente

y este conglomerado de ayeres vencidos, perennes en el recuerdo, y un hoy transitorio y difuso que disgrega. Mi suma atenúa, me recuerda y sostiene. Oscilo entre avatares y descuidos. Confío en tu presencia abstracta. Los días veintisiete ya no duelen, te fuiste con ellos. Tampoco hiere tu ausencia definitiva. Soy. 
Amontona y acumula, y en un segundo se vuelven miles los atardecidos.
Ya no pesa el destrato. Te quedaste ahí, en aquel crepúsculo entre montañas, en una tarde de domingo gris que anticipaba un inmediato mañana que no fue. Que temimos ser. Cuesta sin embargo creer, que ya no existe tu voz ni tu piel, y que "la ley del uno por mil" te devolveria tan poco.
Nada anticipa los fines. Nada declaró este presente; cuál fue el desvío que condujo a este reparo; de todo.
Cuánto demoró la decisión. Lo causal de la elección. Si era este el mañana demorado.
Fue quedarme. Elegir quedarme, porque la pausa y la espera y tu descuido y los adioses que no dijimos. Estabas tan dentro mío que cuesta creer que ya no. Que ya no sabremos de nosotros. Que ya no existe la necesidad de que me cuentes y yo te cuente, de que sepas todo y siguieras y guiaras cada uno de los pasos. Porque en esos pasos estabas, y porque si estuviste dentro mío fue por algo, no por una estación, ni una sola razón. 
Duele saber que fácil se vuelve ajeno aquel tan próximo, qué partícula ínfima significábamos para el desenlace, que no te tiene ni a vos ni a mí, que nos deparó avatares e imprevistos, opciones y resultados; pausas y letargos; espera y sinrazón. Porque son las sinrazones las que hacen temer, ese miedo de que vuelvan los grises y ya no haya color ni sabor en estos peldaños. La meta es cuesta arriba.
Cuando los días infinitos y la sucesión, para nada, porque ni aquel mañana nos animábamos a batallar y vivíamos en la pausa confiada y eterna de que habría tiempo.
Sólo recuerdo los pasos, mis pasos infinitos hacia todas partes, y el vértigo que cedía. 
Y esta necesidad de vos, porque todo te tiene, porque ningún cotidiano te reemplaza... 

20 de abril de 2012

Desentramados


Tu ausencia no deja rastro. No estás. No estamos. Los días y las noches trajeron este hoy, colmado de incertitud; camino de huella prefijada. El mundo en automático; digitado, intruso y hostil. Mera supervivencia. Ahínco de fortaleza.
El pesar se esconde; no vacila. Convivimos. 
No pienso en días distintos, ni en la sorpresa ni en el hallazgo sorpresivo, que devuelva vida al paréntesis. A esta suerte de pausa que arremetió y venció. Intervalo en movimiento; limitados.
Cuesta creer en los ayeres de futuros que no fueron. Cuesta cada instante; el cotidiano. Se suman los esfuerzos por salir ilesos, por no cavilar ni detenerse. Se espanta el placer y huye. 
Suma de almanaques, de deseos inconclusos, de esperas. Confiados en la tregua...
Bastará un mañana lícito y pleno. Que este devenir tenga un motivo.
Y sin embargo, vacilo ante los mañanas. Subyace el ruego. No hay temor. Hay desconcierto.
Presencias. Llegadas y partidas.
Quiero aquel ayer donde tu mano tomó la mía, donde juntos confiamos. Nos habíamos encontrado después de tanto. Vana espera que colmó los años y las pausas; la adversidad.
Si fue ahora y no antes. Antes de ayer, antes de nada. 
Vigilo impaciente. Voraz de imprevistos que traigan la llave, que expliquen el desvío.
Hoy nadie lo percibe ya. Como aquella mesa en un bar de un club de tenis, como los testigos que me observaron al revés, la mañana que amanecimos juntos, después de décadas de desencuentros. De horas impares.
Tu huella vive en mí. Desapego. Designios...
Que haya un por qué, un por algo. 
Soy esta que hoy no se detiene. Que me ampara. 
Apremia la prontitud. 
Que haya ganas, certeza;  fuerzas. Que el azar, y el asombro no se estacionen; desalmados.

7 de abril de 2012

Entrañable


... Quién era aquella otra antes de vos, cuál era mi vida donde no estabas; cuando no brotaban estas lágrimas tuyas, y poco importaba si existían él, ella, o ambos, porque simplemente no eras, porque nada había querido el encuentro.
Por qué razón jamás supe de vos, por qué tocó que fuese ese día y no otro, y que fuese ahí y no en otra parte, y no antes; antes de él, antes de los adioses y la muerte; cuando los kilómetros de empedrados buscaban enterrarlo, clamando una respuesta; cuando no existía nada. Cuando todo fue nada.
Que me querés, que te angustia casi todo, incluso yo; yo que pienso en tu cotidiano, y no me lo creo, porque ... sos también vos cuando estás conmigo. Que existas explica todo lo pasado,  lo sufrido;  lo perdido.
El último otoño, no lo hubiese anticipado, eso, esto; que hoy significarías tanto. Esto que desplazó el sentimiento arraigado, que vos sí, vos sí podías volver ceniza todo aquello. Que vivo en los abrazos, por el aroma y el sabor de los días compartidos, por todo lo pendiente. 
Y este querer que desfallece, que hace que estés conmigo a pesar de las geografías; que me habites a cada instante. Que juntos no de miedo, que con vos nada más haga falta. 
Y no, la pena no. Eso no. Ni tampoco la compasión de los que se dan cuenta, y seguramente te reclaman, te piden que no me dañes, que ya fue mucho, que no sumes pesares. Aunque no sea así, aunque saber de vos vuelva nítidos los colores y los días, las ganas y la fe, y ya no importen el desamor ni el destrato, ya no, porque este era el premio. Habría recompensa. Eras el por qué. 
No sé si ignoras que esto pasa. Si imaginarás como se comprimieron todos mis adentros. Si sabés que te perdono, y te espero, y que estoy aunque te lo niegue, porque no podés; no, no es justo hacernos esto...
Que la angustia, y la verguenza, que la culpa, ya lo sé. Lo sé todo. Mucho más. Te quiero como sos. Impensable...
Así; tu ser todo...

30 de marzo de 2012

Cruel



Creo que nos subestimaron demasiado tiempo.
O creyeron que les creímos.
Hay silencios y silencios. Pero hay silencios que son demasiado parecidos a la estupidez.
C.R.

No era endeble. Duele como una piedra en el pecho, sube a la garganta, se evapora en lágrimas. Tengo frío, calor. Pocas fuerzas. Me quiebro y pienso, en lo imperioso de apartarme, sí, como dijiste vos hoy, vos que no me conocés ni quiero que me conozcas, cuando decidí no compartir el almuerzo. Nada me une. No habrá tregua. Lisa y llana dicotomía.
Me zambullí en el sentimiento incipiente que busqué eludir, que hoy perfora, dobla, tuerce; retuerce. Ahoga. Quita las ganas y las migajas de fe. 
Fue por enésima vez. Fue figurita repetida. Fue mi deseo la noche del ocaso. No, no se cumplen...
Pedí verte. Rogué por el diálogo final, o las meras noticias de vos. Supliqué un descanso, una pausa que renovase las fuerzas. Paisito, me fallaste. Se acabaron las sorpresas, y en medio de predecibles: vacilo, ando, permanezco, sostengo, me levanto. Sin rumbo. Emerjo. Me hundo.
Tu ojos y tu voz; tus manos, justificaron el dolor. Lo salvaron. 
Esto ya pasó. Esto ya fue. Fue una noche de lágrimas y escalofríos y la esperanza en el ruego. Ya me asfixié. Ya temí. Ya descreí y regresé del abismo. Ya dolió. El imprevisto; el azar más insospechado. Tu compañía; fue mentira.
Pero hoy no estabas, ni estuviste hace diez y hace veinte. A mí sí me hubieras tenido. A tu lado. Entre mimos y abrazos y dolores a medias. No escuchaste, no estuviste. 
Una vez más ante el abismo incierto. Sola. Como de principio a fin. Como casi siempre, y sin embargo, tu ser todo se derrama en mí. Tus imágenes, las que tengo de vos, las letras; superpuestas. Lo vivido. Y me derrito y evaporo. Me contraigo y estremezco. Cruel.

 
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