19 de octubre de 2011

De mitos y creencias

Del ideario propio, o del imaginario colectivo; imponen confiar; resguardan un hoy cautivo, con la mirada puesta en el mañana nuevo que no por azaroso e incierto, no anticipa positivo.
La víspera de un futuro que lo compensará todo; la vuelta de la esquina que otorgará aquello por fortuna antes negado; en la hora equívoca, en el camino errado; en el amor que no fue porque mañanas más ventajosos nos serán dados. En nuestra bitácora del tiempo.
Sinfín de pasos que no condujeron a ninguna parte. Vano ahinco.
Decir adiós jamás fue perder, y sí la convicción de saber que se trataba de lo mejor "por si acaso". Historia que se escribió, sin razón de haber sido. Encuentros causales.
Presente testigo de un tiempo que valdrá la espera, la pausa, los paréntesis.
Minutos que justificaron una eternidad vana e inconclusa.
Los fines que no deseamos. La partida a destiempo. Las deshoras.
Estamos en el lugar justo, en el momento indicado. Infalibles.
Porque solo fue lo que debió ser. Porque merece el olvido, y evidencia las razones; no se detiene en ellas, mira hacia adelante con la misma fuerza de antes, con la esperanza intacta y el alma sin grietas. Sin el desamor a cuestas.
Que están los que deben estar, si vacilación ni titubeos. Los mejores. Aunque aquellos cuya ausencia nos habita, ignoren nuestras huellas.
No hay falta que justifique el pesar. Porque todo lo que fue, debió ser. Porque el trayecto es terminante. Y no amerita juicios.
No existió el error y sí la experiencia. El significado. La justa intersección de caminos.
Y sos, significante de mi ser todo, de estas horas que no serán nimias. Sosiego aparente. Tardanza. Porque perdiste, pero yo también. Nos perdimos.
Los rastros del bien en el dolor, en tu temprano adiós, en las horas muertas, en el letargo, en tu descuido. En los sueños dormidos.
Que sea el anhelo. Que un insospechado banquete de dicha, oportunidades y concreciones, se nos tenga deparado. Que se devele el enigma.


Allá y acá están de jueves...

13 de octubre de 2011

Voces

Voces de otros días. Tu voz, que no volvería a oír, días antes de aquel veintisiete, que nos despidió certeros de un futuro entre las manos. La voz que dijo "Gracias, perdón y no me odies"; cuando sí fue la última vez que te tendría ante mis ojos, después de tanta vida. La que supo preguntar cerca de aquel mar de sal, cuál de los cuatro cajones de una cómoda elegiría: los dos de abajo, o quizás los de arriba; si en el caso del placard tomaría el lado izquierdo o el derecho. La mía, que respondió "intercalados", sabiendo que estaba recibiendo de ese modo la propuesta de una vida; de un camino de a dos.
Voces escritas. Voces sin rostro. Tu voz en el teléfono y mi silencio. Tu verdad.
Su voz cantando "al alba, quiero que no me abandones amor mío al alba", "y como pasa el tiempo, que de pronto son años; te doy una canción de madrugada, cuando apareces el misterio del amor"...
Las voces de los fines implícitos, tácitos; que nos dejaron taciturnos en la vuelta de algún camino escrito, o misterio del azar.
La que justificó todo lo vivido...
Su voz, la de tu madre, que anticipó lo que ya sabía. No estabas. Ya no estarías. Tu última voz, que me pidió tiempo para que el año 08 fuese de disfrute sí o sí. Y te callaste para siempre. Y hoy quiero oírte. Por eso a veces voy y te hablo, y me quedo ahí con vos. Cerca tuyo.
Quisiera saber qué palabras hubieran acompañado los avatares, si esa voz, su voz, que deleitó a tantos sin diferencia de generaciones, hubiera estado ahí conmigo. Si no te hubiese tocado irte en el medio de mi historia, entre lágrimas y euforia pienso en tí; vida y muerte sólo dos palabras...
Qué hubieras pensado, sentido. Cómo me hubieses acompañado, aconsejado. Si lo hubieses querido. Era tan igual a vos. Y sin embargo, no creo que haya sido el ser que eligieras para tu hija. Si hubiese sido tan difícil todo...
La voz de tu hijo, hoy escrita, confiándome su clave del éxito. La voz de tu Sebas, reclamando "¿y de tu vida qué?"
Las que no querré oír. Las que ojalá nunca lleguen.
Las de aquellos que jamás vimos y sin embargo están aquí, al lado.
Tu hermano sujetándome en el abismo, con todo un océano en el medio.
Cuántas veces restará decir te amo, cuándo fue la última vez que lo dije. Cuántas otras no me atreví, o no lo supe a tiempo.
Las voces que viven dentro nuestro, a pesar del tiempo y la distancia. Aquellas que hablan de los sueños, del miedo; las que alertan; las que desoímos. Las del silencio. Porque él, él siempre nos habla en el silencio.


Reunidos en casa de él y por allá también.

6 de octubre de 2011

Los jueves un relato


Los que confían en que la oportunidad de cambiar existe
Los que llegaron tarde a todas partes

y sin embargo siguen creyendo en que alguna vez será
Los que sin olvidar perdonan
los que perdonan de modo tal que logran olvidar
Los que saben de cambios pero no se atreven a enfrentarlos
Los que no estuvieron en el momento justo,
ni en el lugar indicado
Los que se quedaron solos
Los que saben vivir cada día como si fuese el único
Los que caminan sus ciudades con el entusiamo de los viajeros
Los que perdieron una y mil veces
Los que aprendieron a remar entre grises
Los que confían en que no hay mal que por bien no venga
Los que conocieron el infierno y hoy están acá
Los que confían que habiendo sido vencidos,
aún así han triunfado
Los que no tienen miedo a la incertitud
Los que aman lo que hacen,
los que hacen lo que aman
Los tristes por amor

Los que saben de fines
Los que se quedaron con todas las fichas,
cuando los demás comenzaron a jugar al ajedrez
Los que aceptan lo que viene,
pero no se resignan a cambiarlo
Los que creen que aunque todo tiempo pasado fue mejor,
lo mejor aún no llegó
Los que están siempre y a pesar de todo
Los que perdieron al ser que más amaron
Los que dicen lo que piensan,
los que sienten lo que dicen
Los que disfrutan de tus logros,
aunque estén viviendo el peor de los fracasos
Los que saben ser felices y volver a empezar
Los que ya no son felices
los que nunca lo fueron
Los que creen que todo es por algo
Los que ya no ven...
Los insomnes
Los utópicos
Los libres
Los que se atreven
Los justos
Los distintos
Los que nunca se fueron,
los que saben regresar
Los que han sufrido un gran dolor

y hoy saben que pueden sobrevivir a todo

-------------------------------------Los héroes anónimos...
Hoy estamos aquí , en su balcón

2 de octubre de 2011

Hoy

La única anormalidad es la incapacidad de amar.

Anais Nin


Hoy quiero andar, andar como a veces antes; caudales de calles, maratones de  imágenes. Respirar el sol; es primavera y hay brillitos en el aire. Y no estar apurada ni preocupada por nada, ni por volver ni por nada, y que no de miedo el cansancio ni que a cada paso te aparezcas vos, por estas calles que jamás caminaste, y que ya no estés como antes, como ahora que ya no estás porque no querés, porque nos castigaste. El amor lo mataste desde siempre, no lo dejaste ser, pero yo te quería mucho. Mucho de verdad. Disfrutaba de cada cosa que hacíamos y del amor, porque yo creo que sí sentí amor, que sí llegué a sentirlo. De esos que no tienen tantas chispitas ni tantos miedos y que nacen cuando dos están muy cerca. Lo matabas sí. Pero a veces yo lo acurrucaba, le curaba las heridas, lo protegía de vos que no querías saber de él, y nada. Lo hemos charlado tanto. Seguro se cansó. 
Las últimas veces fue como si algo me cubriera; jugaba sin darme, no lograba las formas. Sé que no te dabas cuenta pero yo sí. Algo cambió. Se perdió. También lo supe cuando me colmaste de besos, de besos infinitos como esos que se les dan a los nenes. Me diste a montones, y yo también. Te abracé muy fuerte y no sabía que no vendrías, pero algo pasó, sospeché que todo este camino nuevo no te lo iba a contar, ni éste ni todo lo que pasó sin que estuvieras. Un poco que me cansé de casi todos, por eso ahora basta de homenajes, y no me pone triste. Me quiero yo, me cuido yo, porque me descuidé, dejé que entrasen personas que jamás debiera haber dejado llegar. Qué me voy a creer. El que te alaba te disminuye. Es verdad. Siempre me costó entender esa frase, siempre, y sin embargo es cierta. Te acordás cuando no podía ir a ninguna parte, bueno, es una forma de decir, porque no podía estar, no podía con un segundo de mi existencia. Estuviste cerca pero no creo que hayas sabido lo que tenía adentro, creo que nadie lo supo, era la insoportabilidad del ser, de existir, de sentir desde el roce del viento hasta el peso de las sábanas. Costaba estar de pie, sentada, acostada, costaba todo. Costaba vivir, nunca nada había sido tan cuesta a arriba. Sin embargo ese día era tu fiesta, y no podía fallar, quería estar con vos y nada más que eso. Cada instante previo, cada milésima de segundo fue un suplicio. Creo que después fue lindo, después de después claro, porque yo me iba a mi lugar en un grito de auxilio, un intento de salvataje. También allá costaría ser. Estaba cansada, es que sólo necesitaba eso, descansar sin límite para resurgir. Sabés que ya no me acuerdo cuándo fue que fue que me empecé a animar, cuándo me vine llena de papel, y el río volvío a estar en el medio. Parcelándonos. Volví llena de papel, sí; de arena, de sol y sal; de él, y su allá estaba cerca y todo se volvió causal y fácil, y había miedo pero menos, y sonaba todo el tiempo su "Mensaje del alma", daba fuerza, y aún hoy es como un mantra de todos esos meses hermosos, donde no dudaba en entregarme, en confiar y creer en la magia de los encuentros, y la sincronicidad de las cosas que nos pasan. Pero nunca entendí por qué no quisiste, por qué lo matabas, ni siquiera querías que nazca. Ya te dije lo cuidé yo, era nuestro, pero también era mío y no se merecía tanto daño, para eso ya estaba yo, tan vulnerable, tan permeable a todo, que no te dabas cuenta que prefería morirme, que no creía en nada. No sé si te extraño, creo que lo lograste. Querías eso, no. Si nos salía bien vos te ocupabas. Había que perder de nuevo. Hoy estoy tan lejos, ya no sé de vos, si ahora sí querés a alguien, si algo de lo que tuvimos lo extrañás, porque de verdad que esto pasó siempre, pero nunca así como ahora, y me hubiera gustado estar cerca y que estés, pero capaz nunca te olvidaste que fuiste testigo del "colpo", y aunque no te importa no me perdonás. Sí, de ese, del que me tuvo enferma de espera y de pausa. Pero a vos te quería mucho, y capaz mucho más que eso. Te acordás cuando él nos avisó, cuando nos dijo "no tengan miedo". Porque a los amigos también se los cuida, porque a veces hace calor y tengo frío.

30 de septiembre de 2011

Presente abstracto


Interpela
Impera

Cuál dádiva fue hallarte
Prodigiosa remembranza

Malgastamos el tiempo
------------------------- -------huyendo

No quedan ya vestigios

y sin embargo
mi yo todo te evoca
mi amor por vos se conjuga

Sabe de silencios

Relumbra
Insiste
Vence

Revive

24 de septiembre de 2011

Calles

Esta calle, la que por casualidad desvío o certeza, indica mi refugio. De azares o destinos. Qué o quién, así lo quiso...
Tantas veces transitada; cercana; lejana, cuando lo insondable me llevó a pensarme tan lejos.
Y pudo haber sido Juez del Valle, al pie del Curruhinca, con la orilla de mi lago tan cerca; o aquella frente a las vías donde el sol se calla con pereza, el aire huele a lavandas y eucalipto, y un río de luna plateada me hubiese permitido descansar en tu horizonte. Cuando aún no éramos.
Y es y sigue siendo aquella, altiva, la que hoy finge ignorarlo todo, y permanece insolente ante las vicisitudes del destino. Y sin embargo fue piedad en los amaneceres juntos.
Me hablan los adoquines, las puertas y ventanas, las esquinas de testigos ausentes. Son en mí y soy en ellas. Susurran. Irrumpen en el instante efímero con las imágenes presentes de un pasado que nos hizo ser. Un ayer tan hoy, frente a presentes cuánto más lejanos.
¿Creés que Rincón sabía del fin? ¿Que Charcas disfruta en Los Adioses? ¿Qué Frey nos dejó? Jamás supe el nombre de aquella que sí quiso que fuésemos uno. La urgencia por tenernos; la que escuchó el primer te amo. La que cesó la espera.
Tal vez sean cómplices del último enamorado, y ya no recuerden nuestras voces y secretos al compás de pasos infinitos, procurando el olvido.
No sé si nos son fieles. Ignoran si nos hemos ido. Siento que olvidan.
Qué sendero será nueva ruta. Qué mañana del que todo ignoramos, nos será dado todavía...


Click aquí por "Las calles de ellos".

16 de septiembre de 2011

Leyes transitivas

La escalera la conocíamos; nos era habitual, formaba parte seguramente del día a día; pero en verdad no era esa que los dos sabemos de memoria, ni ninguna otra que hayamos visto.
De algún modo te las ingeniabas para que, detenidos detrás de la puerta, pudiésemos permanecer unos minutos en el descanso: juntos, de pie, abrazados; sin poder evitar los besos, que eran los primeros. Sin embargo, no éramos extraños.
Tampoco recuerdo como seguíamos. Cómo seguíamos después de ese cambio. Cómo afrontábamos la mirada de los otros.
Sólo sé que voy y vuelvo, como le escribí hoy a ella. Que a veces no tenés nada que ver conmigo, ni con lo que sueño encontrar en un alma par, y sí todo lo contrario.
Te siento chiquito, frágil e indefenso, detrás de un disfraz, que desde que la vida nos cruzó, te has ido quitando. Vulnerable. Ambivalente.
Ya no sé cuándo fue que fue. Que no me sorprendió que compartiesen ni el onomástico, ni un pasado común en ese país que yo también tanto amo, ni el animal que cambia cada doce años, a pesar de lo poco que confío en esa otra astrología; y una vez más ese rasgo...

Creo que te lo dije inmediatamente. Que me sorprendí y no. Que fue como si de antemano supiese, que había algo más en común entre ustedes, que que ya fuesen importantes en mi vida. Que no fuese la nostalgia sino el asombro. Que ya no doliese.
No es la primera vez que pasa. Si alguien me refiere a un otro. Algo del pasado compartido con ese otro, va a ser común a los dos. Sería justo. Ojalá que sí.

11 de septiembre de 2011

Deshoras


Había cierta indeterminación, un modo de incertitud.
De pronto, el ímpetu ineludible me llevaba a saltar entre plataformas circulares de una fuente, en medio de una gran piscina, y un paso tambaleante me sumergía en el agua, vestida. Completamente vestida.
Me lo confiabas. Vos y tu amigo lo habían hecho desde siempre; deleitarse con la bebida de los otros huéspedes del hotel, en el descuido de la noche. Me sorprendía tamaña indecencia para aquel tan creyente, tan rotundo en sus juicios unánimes. La sed era impostergable.
Sería ese nuestro primer amanecer.
Una cama enorme dejaba entre nosotros varios cuerpos de distancia. No esperabas mi regreso; acurrucada del lado derecho tomaba conciencia de la distancia insondable, de tu desafección.
Del amor ya hacía tiempo, como hace tiempo ahora.
La mañana de domingo era gris, ese gris espeso y húmedo que anuncia la lluvia inminente. Las pocas horas de sueño entorpecían las ganas.
Comercios de muchos colores abiertos en las más tempranas horas.
No vuelvas a los lugares adonde fuiste feliz. Nunca pude volver al Mercado del Puerto. Hería la distancia, el desamor.
Aquellas manos extraían sonidos de las cuerdas, y me devolvían a un tiempo lejano.
Todo era cotidiano. La cotidianeidad extraña a la que transportan los sueños. Ese pasado implícito que en verdad no teníamos, que en realidad no fue.

2 de septiembre de 2011

Misterio diáfano


Revelan, avisan, señalan incipientes su lugar en el calendario; se inmiscuyen en el presente ostentosas de su fama, imponen el comparativo innecesario. Retrotraen, sustraen; distraen del cotidiano ahora, para restituirnos a un ayer, con todo el bagaje que define, frente a un huidizo y tal vez precario presente; abismo sin dirección que aún no nos determina.
Certeros del ayer vibramos en un hoy irresoluto, sujeto a la merced. Me atrevo a decir que ayer fue y hoy será. Será cuando haya sido.
Qué fue tu aparición casual, tenaz, que aún se resuelve perenne a los avatares. Incesancia de mañanas imprevisibles...
Presagio. Sin orden ni intención, sin reflexión determinada.
Qué ventura te dispuso en mi recorrido alterado, discontinuo, interrumpido de vos. Qué restó. Qué modificamos en el desplazo.
Las fechas no son inocentes. Orden ficcional, acción o inacción que hoy converge en este presente unánime y entona la incógnita de una suma de imperfectos que te evocan.
Sos en mí, intacto, impune, querible.
Simplista y efectista creer que hayamos hecho lo que hayamos hecho el camino futuro sería éste.
Unidos; labrados; distancia que se sortea en tus palabras que me saben de memoria, frágil. Contradictoria.
Afecto, complicidad, valentía, perdón, fuerza, que no es cenizas ni destino, que es cuando te pienso y te traigo y me vierto en la imagen que conservamos, viva en nosotros, que llevo a todas partes en su rigor laudable, que recrea y revive.

22 de agosto de 2011

Onírico


Enemigos declarados, ocultos, testigos. Unánimes. Alejan la meta, bifurcan, diversifican deseos, enturbian el cauce. Ignoramos por qué. Desconocemos su esencia dual que se multiplica en el momento de la causa.
Lugares. Destinos. Vidas. Aún roza la idea de vos.
La inquietud de lo incierto. La impermanencia del caos. Si sólo fuesen elecciones. Si acaso es utópico creer en su existencia; destino autónomo.
Hábil manejo del azar que nos detiene, buscando; nos otorga, distraídos.
Resume el pasado. Constriñe el hoy inconcluso. Coarta la inercia. Interpela.
Pasajeros de un sueño sin retorno, en busca de pretextos. Caminantes. Fragmentos de vida ajena, en espejo.
Se trataba de un barco. Era viejo, alto; rompiendo el oleaje gris espeso.
Noche de luna de aura amarronada, húmeda y fría.
La otra orilla me reencontraba con sensaciones perdidas, lejanas. Ya no estabas. La incertidumbre de tu adiós implícito, tácito.
Había, sin embargo, una forma de espera; una manera de ansiedad. Mi inclinación por la verdad y el regreso eterno.
Ligeros, sin bagaje. Dueños del tiempo. Hacedores.
La frontera y los pasos que acercarían; distancia de cercanías. Tu imagen cavila. Ausente.

3 de agosto de 2011

De mapas y senderos



En mi mapa hay un río plateado de luna, muchas mañanas de montaña; hay un lago, nieve, cascadas y un sendero, y ese pequeño arroyo, que desembocaba en un embudo inmenso, de bosque y acantilado, que era el mundo entero.
Hubo un mes de febrero; un día siete; pétalos de rosa, una nota manuscrita y el llanto eterno. El amor dialogaba en las orillas; tardes donde se perdía la noción del tiempo, entre siestas y soles, y confesiones de cuaderno. Tres Puntas, mi espacio; universo infinito. Fue la calle Juez del Valle, al pie de un cerro, en tardes de otoño y noches de víspera de un nuevo comienzo; fue esa misma calle en una primavera perenne, y flotando libres, tantos veranos de río. Fue una tarde en Brown al 300, donde recuperamos años de distancia. Y varios después, en una mañana de cumpleaños, que perpetúa una "no me olvides"...
Las cero horas de un nuevo cumpleaños, en el Arrayán de los juramentos...
Fue noche de Alquimia en Curruhinca, y el mismo día entre Cerezos, después de una ruta de postal y lagos que me devolverían de regreso. A vos.
Se reunieron un sinfín de lunas, un día veintinueve, en noviembre, cuando lo imaginado fue: truenos, rayos; verdad. Y una esquina de adiós en la calle Peña.
Y fue del amor que no fue, o sí; colmado de incógnitas y laberintos que aún congojan. Fueron muchas noches de Melo y Bustamante, cerca de esa dulce esquina que años más tarde llegaría. Fue un siete, sí un siete en el mes de mayo, cuando fui consciente; que era para siempre, y que no sería nunca. Hasta aquel veinticuatro, en ese febrero último y eterno.
Y fue tu voz en un teléfono y mis silencios. Y el asfalto que todo lo supo, que hoy calla un presente y recuerda. Nada nada me aviso que en Aráoz, que alcanzaba la vista de un parque Las Heras, sería nuestro refugio, nuestro barco; nuestra isla; desde aquella posada de sol en un mar de a dos, donde el hechizo comenzó. Serían días eternos en Melipal, y en una torre alta cuando ya apremiaba el tiempo. Y Frey nos tuvo y nos dejó lejos.
Y sé que fue frente a un río, iluminado de luna, llenos de latidos de espera -desde aquel domingo en el Puerto- y de víbridos infinitos, que la magia fue verdad. Y en un Rincón y Mitre un adiós tácito que aún perdura. Sólo esa calle lo vio, lo sabe, cuando en aquella tarde de domingo gris e invierno, confrontó amor y desaliento; difuso ya que a pocos metros hubiésemos sido transportados a una cápsula sin tiempo. Todo el amor del mundo perpetuado en un espejo.
Y sí, fue también ahí, en Colón. En tu esquina. En tu lugar en el mundo.
Y aunque no estuvieses cerca desde hacía demasiado, un día en Verona cerca de la tumba de Giulietta, y en una tarde de café veneciano. En un tren de campiñas, y amarillos, colinas y verdes, y celeste azulado.
Hablan también las de los adioses. Me habla una esquina de avenidas en Almagro. Un tren a Torcuato, cerca de una casa rosa, testigo de todo aquel verano ochenta y seis, procurando olvidarte.
Una terraza de noche, de mayo, con ceniceros colmados, donde pactaríamos aquel "catorce" antes de los besos infinitos y de ese año juntos que aún nos conserva...
Una tarde en Palermo, era septiembre, descifrando planetas, llenos de sol; un ascensor al infinito, fuimos los dos uno en aquellos instantes, imantados, etéreos, ausentes del resto, vivos. Incongruente final sin fin.
Fue el patio de los naranjos, un jardín de Praga, una biblioteca, una ventana y un concierto. Y más tarde vendría: la primavera, una mañana de pájaros, las calles de mi infancia, mirando al revés de otros tiempos, y el adiós sin vestigios, sin tregua, en una esquina de sol en Palermo.
Qué ángulos, qué escenarios y atardeceres serán los testigos. Qué mañana todavía protagonizaremos.

30 de julio de 2011

Ayeres


Medianoche. Algo me lleva hacia atrás, a leerme, leerlos, leerte y confirmar cuán impensado era un desenlace en silencio, cuando lo que nos unió fue la palabra; el ida y vuelta cotidiano que tal vez te acercó antes a vos, que a mí. ´

Sí, porque hoy reparo en un sentir del que no fui consciente en aquel entonces. Y yo, la que no se había dado cuenta aún de nada, soy quien permanece en el recuerdo vivo, de ese ayer donde tocó ser felices.
Y voy con este amor a todas partes, venciendo incertidumbres; caminamos, dejamos huella, abrimos nuevas puertas. Él y yo solos, sin vos. Prisioneros de este hoy que te invoca; testigos silenciosos.
Y ahoga la suma de días, meses, horas infinitas sin nosotros, que sumergen en una especie de abismo insondable con la secuencia de escenas, de ese ayer donde pudimos ser.
Perdoná la demanda, había sido tanta la espera, y de pronto encontrarte... No pude evitar la lucha; con esa fuerza absoluta que todo lo puede y que a nada le teme, cuando se ama.
Hay noches que no empiezan, cuando el azar elige detenerse en vos. Y recrea pasados que sé eternos. A pesar del descuido, de la crueldad de tu inercia, ante un futuro que por fin llegaba.
Perdón de veras. Perdón por tanto amor que salía de la piel, que dolía encerrado en el alma, que no temió, ni se privó de ser, cuando fue turno de tenernos... No sin lágrimas; presagio impertinente de este nudo que hoy cierra la garganta; de esta desazón en la mirada. El sinsabor. Un mundo que se desafía en el umbral...
Y vamos él y yo juntos, buscando pretextos; juntos en alguna tarde de sol, nos sentamos en la mesa de un bar; escribimos, buscamos evadirte, intentamos recuperar ese antes que era antes de ayer y de ahora; hemos visto nuevas caras, oído otras voces, afrontado imprevistos que desviaron la ruta; he transitado tus pasos sin vos, él y yo, te sentimos en cada instante, en aquellos atardeceres naranjas, en tantos entornos casuales, en muchas melodías, caminando tus calles, descifrando silencios, en lugares que no podrían desprenderse de lo que fue, y resisten a creer que ya no será.

 
design by suckmylolly.com.