25 de enero de 2012

Malogrado

Burlas. El destino se mofa en la cara. Y fue después de una y mil veces, volver a confiar, porque propensos a creer que no queda saldo, a la larga resta. Oscilamos; volvemos a caer presos de la utopía; profesamos en medio de los avatares, de la suma de dolores, de la cantidad de veces que tocó perder.
Y fue de un modo nuevo, de manera distinta; fue mirarte y confiar, fiarse, entregarse. Desarmados.
Y fue pensar que sí. Que tu verdad no dolía porque eras mi sí y yo el tuyo, con lo que tocase al devenir. Y el roce, la fricción, la caricia. Sin pavor; no sin alarmas. Sin reticencias.
Un semáforo en rojo baraja las últimas cartas en juego.
La causalidad versus el azar desmedido. Palabras sin tamiz, anestesian.
Ignorar su tenor te vuelve impune.
Emigra creer. Obliga desplazarse del centro de acción. Abrazan el destierro, la añoranza, porque si acaso por esta vez era cierto; abandonarse en la ilusión, lo sustantivo fue más breve que el pesar y la pena. Y pesará tu ausencia. Y faltará tu voz. La distancia será nuevamente abismo y precipicio; los segundos, horas. Los días, meses.
Sumirse a ultranza.

18 de enero de 2012

Andares I

Fue en Rodó. Parada Rodó. Quise quedarme, permanecer, ser. Como quien halla el sitio por vez primera, después de un largo camino de regreso a casa; de insensatez y burla ininterrumpida.
Tu recuerdo vaga intermitente, discontinuo. Los rastros de vos se desdibujan y pierdo tu voz y tu piel, las pausas. Qué decías, qué dijimos; nos dijimos.
Larrañaga: ese andar breve que me lleva contigo. Amor que empaña. Tu imagen se vierte y late viva. Se zambulle e inunda.
Atardece en la escollera y el escenario vacío, el presente intacto; inerte. Pende.
La huella labrada en un pozo de ayeres vivos, emergiendo intactos. Punzan; contraen, y me consagro. No vacilo ni eludo. No te niega. No te apacigua. No aquieta.
Santa Lucía: el intervalo y el sosiego de esos días sostienen.
Ahonda. Ahoga. Interrumpe. Irrumpe. Fue verdad.
Hoy toca ser en mitad inconclusa. No te teme el dolor. No te mata el destrato. No desvanece la distancia. No te duerme; no te huye. No tiñe, no descree.

29 de diciembre de 2011

Falacia de intención

Si fue previsible o de improviso, connotar y denotar, deducir e inducir. Silencios.
Donde encuentro estas horas, hojas; estos vientos, soles y amaneceres nuevos; ser el reflejo que huye de las sombras, que la pena no arrastre; verme, desde adentro, desde afuera. Es la hora quieta de no hallarte. Invalida la tentativa; el sueño. La individualidad titanista y libertaria. Te vuelve similar, trivial y parejo.
Y es tu distancia y también la suya. El desatino inoportuno y la furia sin furia de esta nueva y ancestral garantía de testimonio. Impropio, inadecuado. Poco eficaz por cierto; cuando fuimos uno, y costaba soltarse, y eran necesarios tus brazos para sostenerme, tu mano para volver, tus ojos para verme. Y sin embargo fuimos el detonante o la causa, cuando aún éramos sueño. Porque aunque valiese la última inspiración lo hubiera hecho. Porque partida en mil pedazos empecé a juntarlos. Y fue pictórica reconstrucción. En movimiento. Con melodías. Escenarios. Gentes. Voces. Hallarme; facultad maestra.
Iba a ser para siempre y lo es. No caen lágrimas ni se extingue, no se cierra el pecho por destrato. Aún hay suficiente. Sólo la pena. Legitimados sin embargo. Justificados. Indesarraigable.
Habrá que regresar al sol para vernos. Al mar. Al horizonte naranja y herido; agradecer, porque habría un después.

Evadirte no te vuelve exótico. El tedio y la agonía no te salvan. Tu ideal recóndito no desabisma.
Es necesario volver a creer, ante la evidencia de la escena repetida, de lo tácito sin fin, que imploré no más. Vos, que desnudas tu alma a cada paso. Que no seas recuerdo. Presente y cotidiano sin acostumbrarnos. Poético. Al lado.

19 de diciembre de 2011

Implosión


Implosión: acción de romperse hacia dentro con estruendo las paredes de una cavidad en cuyo interior existe una presión inferior a la exterior.

Por qué soñé con vos, que casi ya no estás cuando no estuviste nunca, porque nunca fue como soñamos, que tal vez, quizá, era para siempre.
Alle soglie del duemila, cuando te conocí, sentí eso: la eternidad en un instante, pero tocó llorar más de lo aconsejable y perdernos, y no ser felices. Una vez más.
Y tu temor que fue cobardía, el triunfo del no por si acaso; las medias tintas y la falta de riesgo. Me veías fuerte. Nunca fui más débil.
No fue el tedio. Fue la inercia. Fue no jugar con los asuntos en juego; no fue prioridad el amor. El amor de una vida. Quizás por lo único que te desprecio; por tu minivida, por tus minicertezas.
Te soñé. A vos y al Bacacay, y a un pasaje que era habitual y cotidiano y no existe. Buscaba la ventana que miraba al Solís.
Soñé tu desamor y tu descuido; tu miedo y dualidad. Pero al lado mío.
Ahora en vigilia recuerdo que sos múltiple.
No habría más moneditas; ni de diez ni de veintinco, y nos quedábamos con ahorros perdidos, por dejar para después.
Tu lucha era esa. Defendías a todos. Alertabas. Tenías una misión, y hablabas de ella como de "tu mujer". Esto también el día me lo devela. Leí en aquel "mi mujer", y dolió en el alma. Aunque ya no importe.
Sepulcro de sueños dormidos; ahí descansan.
Tal vez te soñé a vos, por vos y por él; por la implosión. La de ahora. La que rompió y astilló. El escozor; el brívido del nudo que es vacío y es montón de palabras que no dije. Porque puedo pero tal vez no deba. Impera el debe. Porque es mi riesgo a pesar de todo. Porque te anticipaste pero ya estabas dentro, y recién lo supe cuando necesité empezar a expulsarte con lágrimas. Qué te evapores y te vayas. Si toca perder de nuevo. Designio develado.
Y si se tratase de no volver a amar; nunca más, como me juré después del río; de la anchura; de la ausencia viva; habitada.
Lo efímero de tu para siempre; la inconsecuencia, el absurdo, de este hoy que nos mantiene juntos y separados.
Matarlo y matarte, no a la causa que enarbola. Porque vendrán muchas otras. Es necesario el crimen perfecto. No habrá ya prioridades numeradas. Sería deshonesto que ignores que con tu ayuda puedo. Que lo intuyas.
Si me lo preguntas te lo contesto. Ocultarlo puedo, negarlo ya no.


a A.F.

15 de diciembre de 2011

Recuerdo de un bosque


El laberinto diversifica, multiplica y distrae; nos guía el espectro; la inadecuación más apropiada. Arremete. Entorpece. Deriva. La meta desdoblada y dispar. El anhelo confuso.
Marionetas conscientes o matiz. Mandala de nosotros mismos.
Interesados. Curiosos. Insaciables. Sin alertas ni prejuicios.
Y me zambullo en lo probable y lo imposible; en la incongruencia congruente de este mar de piedad. El bosque nos teme. Nos expulsa. Y sin embargo, estamos aquí, pasajeros de este sueño sin retorno en misión olvidada. Distraída. Transitando los límites, la incertidumbre del ser.
Querer y que no nos quieran. Jurar eterno amor y el rechazo. Por aquellos lugares que ya fueron nuestros. Desconcertados por el vínculo; avanzamos a ciegas sin recordar cuáles fueron los por qué. La unión kármica y quizá inconclusa; non finita. Deudores tal vez.
Y te invito a mi vida sin prejuicios. Sólo peligra el no por si acaso, la vacilación o el desgano; el descreer; la ausencia de fe.
Confío en nosotros. Hermanados. Unidos por lo invisible que se siente y no se deja ver. Podés un poco más; mucho más. Que el sol procure el resto, que la sal nos purifique y vislumbre lo potencial del ser.
Sí, nos reconocimos. Fue un reencuentro. Algo pendiente nos hermana. Desde esa tarde crecimos. Y fue testigo el río, y también el sol; los intervalos y las pausas; la ruta. Cómplice.
Y no es preciso colorear ni edulcorar.
Desmesurados.
Te dejo que seas, y te dejes ser. Sin tamiz. Que trasciendas lo imposible o lo jamás imaginado. Que llegues al bosque. Al recuerdo nítido y ancestral que quiso este conglomerado de retratos y tiempos. Ya no sabemos cuándo ni dónde fue que fue.

9 de diciembre de 2011

Diálogos

Las primeras horas de la mañana nada incongruentes, siquiera difusas; inadecuadas por el desatino. Definitivo, y con aroma a fin. Porque ya era suficiente, como nunca jamás antes.
La primeras horas de la tarde precipitadas urgieron, veloces, empapadas de letras que conjugaban ideas difíciles de plasmar. Pero el resultado dio su fruto y la paz sobrevino, como quien se libera del peso insoportable. Aquel que no merece la carga. Eludimos, certeros y confiados.
La postergada cita y el ida y vuelta; el que tornó imposible ocultarse y ocultarte. Tu verdad aventajada. Mi desconcierto; mi verdad.
Lo sabías. Antes que yo. Lo supiste siempre. Aún lo ignoro. Los pretextos.
Si la curiosidad o el sentimiento incipiente y profundo.
Tu sabiduría. El don de la anticipación o el azar venturoso.
Un himno que sonó ilustre al ser nombrado. Casualidad. Causalidad.
De emociones e impostergables. De anhelos y sueños demorados. Brindar al son de un trígono que fortalezca y facilite. Qué la cuadratura y el opuesto no apaguen ni extingan, no aplaquen ni rebajen.
Multiplicidad de vivencias compartidas.
Aquello que sospechábamos y confirmamos. Ineludible. Sin tamiz y sin alarmas, tu certeza y mi descuido.
Tu intuición y mi afán obstinado.
Por si acaso.

4 de diciembre de 2011

De comienzos y de fines...

Desabismando inciertos. Flotando. Qué cuanto más enmarañado se presenta mayor es el resultado.
Verte, querida, y comprobar que dos días son el conectivo de una vida. La distancia que sortea kilómetros y relojes.
Y vos, que sos el hallazgo de este último calendario. El sinfin de caminos que comulgaron para el encuentro. Qué sepas que estoy y que también te quiero. Que sos un sol de vida, brillando a cada paso. Qué no tengas miedo. Qué todo es por algo.
Tu voz en el teléfono. Tu voz y mi silencio. Ausencia. Lacrado en mi piel te llevo conmigo. Siempre. A pesar de los lugares que no fueron tuyos; de las voces que jamás oíste; a pesar del tiempo que asfixia y descomprime en tu recuerdo.
Las otras puertas. Las que ni vislumbrábamos poder atravesar. Se puede.
Fue verdad. Tu complicidad y el ida y vuelta. Mutuo. Sin destiempos.
La dicha de que existas. Contemporáneo y presente. Sin miedos. Sin disfraz. Sin etiquetas ni autopredicción. Porque el futuro es incertidumbre, a pesar del éxito optimista y del pesimismo de valor.
Porque cuando ponemos en común los males, nos sentimos menos únicos y menos solos. Nadie sale impune. La multiplicidad nos abisma a todos; mejor o peor administrado.
Y en este sueño, pasajero y sin retorno, me das tu mano, tomo la tuya y te acompaño, no sin recuerdos, no sin pasado. Con mi ser todo. Lo que fui, lo que eras, y lo que toque ser. Y me confieso en vos sin velos. Y no hay ni miedo de verte, ni desesperación de hallarte. Tu corazón que pide pausa. La tormenta que ya cesa. Los mañanas naranjas y los crepúsculos sin lágrimas.
Que haya mucha vida por delante. Todo por dar. Todo por darse.

21 de noviembre de 2011

Confesiones

Extraño. En curso. Sin dirección.
Incipiente. Agudo; perfora; electriza. La emoción trae el brívido; fue verdad. Certeza entre incógnitas. Misterios a develar, o asumir lo concluyente.
Que si Dios no existe habría que inventarlo. Qué no sé que me pasa, y si no sé de vos el color del día cambia. Que falta mucho todavía. Por suerte.
Trascendernos. Limitarnos.
Que estoy muy feliz de que existas. Más en tierra, más firme, más seguro.
Que sí te quiero acompañar, y en todo. En el resurgir y en las posibles caídas. Que el encuentro justifica montones de ayeres y de finales tácitos. Sin fin.
La irracionalidad de la incongruencia. La certeza de lo efímero.
Los estados varían de acuerdo a tu compañía y complicidad. Sé que cuento con vos, que sos mi par. Donde no hace falta fingir ni poner tupido velo a ninguna de nuestras neurosis ni verdades.
Vamos por certezas, sin camino prefijado. Construyéndolo. De la mano.
Que entres en mi vida y en mi mundo da calma. Que estés, qué estoy y qué lo sepas, alegría y descanso.
Que el alboroto tenga su paz.

4 de noviembre de 2011

Pequeñas muertes

Quizás se trate de eso, de saber morir para poder volver a empezar; de aprender a abrir puertas, habiendo cerrado otras y eludido tantas; por miedo, indefinición, o macabra burla del destino.
Continuar impunes a pesar de los vaivenes, de la desesperanza, del rechazo o desamor; del engaño. De la idea de eternidad que nos ciega. De la inercia.
Se tratará tal vez de seguir, de desaparecer para volver a ser; con vestigios de un pasado que nos arma, y la esperanza de un futuro que sanará heridas; portador de las fuerzas y los sueños para seguir caminando. Aves fenix.
Es tu frontera y la mía. Las coordenadas que lo hicieron posible; las que intervinieron para que así no fuese. Serán los mañanas que vendrán, que repletos de una historia dibujada en lo invisible, deja que ocurra este conglomerado de vivencias y recuerdos, de propósitos y anhelos; de rutas que trazamos en el mapa de nuestra mente, sin saber en verdad cómo se tornarán realidad.
Pequeña muerte es la que vislumbramos al nacer; la que en medio del llanto nos hizo zambullir involuntariamente en esta escena a la que fuimos convocados; este acto del que todo ignoramos...
El derecho de admisión y permanencia; la enseñanza o el karma; lo prefijado y lo incierto.
Fue nacer y morir en el instante mismo en que nuestras miradas se encontraron, y toda la vida fue justificada en un instante. Se desvaneció la incertitud de un pasado, y la posibilidad del fin.
Horas vacías que merecieron su premio y recompensa; la infinitud del tiempo consagrada en un abrazo que avaló la espera, y el sinfín de veces que nos tocó perder. Las respuestas concedidas.
Fue recurso del olvido y artimaña de la justificación; la validez del reto.
Meritaba llamarse vida: la previa, la víspera. Letargos. Paréntesis. Pausas. Transición...
Un crepúsculo naranja y la aurora de un mar. El ocaso de nuestro trayecto compartido, de nuestros causales encuentros; efímeros. Caminamos de a dos...
Es la apuesta a lo probable y sus montones de ayeres reunidos, que conforman este hoy. Peldaño mortal e imperecedero.


Reunión por allá

19 de octubre de 2011

De mitos y creencias

Del ideario propio, o del imaginario colectivo; imponen confiar; resguardan un hoy cautivo, con la mirada puesta en el mañana nuevo que no por azaroso e incierto, no anticipa positivo.
La víspera de un futuro que lo compensará todo; la vuelta de la esquina que otorgará aquello por fortuna antes negado; en la hora equívoca, en el camino errado; en el amor que no fue porque mañanas más ventajosos nos serán dados. En nuestra bitácora del tiempo.
Sinfín de pasos que no condujeron a ninguna parte. Vano ahinco.
Decir adiós jamás fue perder, y sí la convicción de saber que se trataba de lo mejor "por si acaso". Historia que se escribió, sin razón de haber sido. Encuentros causales.
Presente testigo de un tiempo que valdrá la espera, la pausa, los paréntesis.
Minutos que justificaron una eternidad vana e inconclusa.
Los fines que no deseamos. La partida a destiempo. Las deshoras.
Estamos en el lugar justo, en el momento indicado. Infalibles.
Porque solo fue lo que debió ser. Porque merece el olvido, y evidencia las razones; no se detiene en ellas, mira hacia adelante con la misma fuerza de antes, con la esperanza intacta y el alma sin grietas. Sin el desamor a cuestas.
Que están los que deben estar, si vacilación ni titubeos. Los mejores. Aunque aquellos cuya ausencia nos habita, ignoren nuestras huellas.
No hay falta que justifique el pesar. Porque todo lo que fue, debió ser. Porque el trayecto es terminante. Y no amerita juicios.
No existió el error y sí la experiencia. El significado. La justa intersección de caminos.
Y sos, significante de mi ser todo, de estas horas que no serán nimias. Sosiego aparente. Tardanza. Porque perdiste, pero yo también. Nos perdimos.
Los rastros del bien en el dolor, en tu temprano adiós, en las horas muertas, en el letargo, en tu descuido. En los sueños dormidos.
Que sea el anhelo. Que un insospechado banquete de dicha, oportunidades y concreciones, se nos tenga deparado. Que se devele el enigma.


Allá y acá están de jueves...

13 de octubre de 2011

Voces

Voces de otros días. Tu voz, que no volvería a oír, días antes de aquel veintisiete, que nos despidió certeros de un futuro entre las manos. La voz que dijo "Gracias, perdón y no me odies"; cuando sí fue la última vez que te tendría ante mis ojos, después de tanta vida. La que supo preguntar cerca de aquel mar de sal, cuál de los cuatro cajones de una cómoda elegiría: los dos de abajo, o quizás los de arriba; si en el caso del placard tomaría el lado izquierdo o el derecho. La mía, que respondió "intercalados", sabiendo que estaba recibiendo de ese modo la propuesta de una vida; de un camino de a dos.
Voces escritas. Voces sin rostro. Tu voz en el teléfono y mi silencio. Tu verdad.
Su voz cantando "al alba, quiero que no me abandones amor mío al alba", "y como pasa el tiempo, que de pronto son años; te doy una canción de madrugada, cuando apareces el misterio del amor"...
Las voces de los fines implícitos, tácitos; que nos dejaron taciturnos en la vuelta de algún camino escrito, o misterio del azar.
La que justificó todo lo vivido...
Su voz, la de tu madre, que anticipó lo que ya sabía. No estabas. Ya no estarías. Tu última voz, que me pidió tiempo para que el año 08 fuese de disfrute sí o sí. Y te callaste para siempre. Y hoy quiero oírte. Por eso a veces voy y te hablo, y me quedo ahí con vos. Cerca tuyo.
Quisiera saber qué palabras hubieran acompañado los avatares, si esa voz, su voz, que deleitó a tantos sin diferencia de generaciones, hubiera estado ahí conmigo. Si no te hubiese tocado irte en el medio de mi historia, entre lágrimas y euforia pienso en tí; vida y muerte sólo dos palabras...
Qué hubieras pensado, sentido. Cómo me hubieses acompañado, aconsejado. Si lo hubieses querido. Era tan igual a vos. Y sin embargo, no creo que haya sido el ser que eligieras para tu hija. Si hubiese sido tan difícil todo...
La voz de tu hijo, hoy escrita, confiándome su clave del éxito. La voz de tu Sebas, reclamando "¿y de tu vida qué?"
Las que no querré oír. Las que ojalá nunca lleguen.
Las de aquellos que jamás vimos y sin embargo están aquí, al lado.
Tu hermano sujetándome en el abismo, con todo un océano en el medio.
Cuántas veces restará decir te amo, cuándo fue la última vez que lo dije. Cuántas otras no me atreví, o no lo supe a tiempo.
Las voces que viven dentro nuestro, a pesar del tiempo y la distancia. Aquellas que hablan de los sueños, del miedo; las que alertan; las que desoímos. Las del silencio. Porque él, él siempre nos habla en el silencio.


Reunidos en casa de él y por allá también.

6 de octubre de 2011

Los jueves un relato


Los que confían en que la oportunidad de cambiar existe
Los que llegaron tarde a todas partes

y sin embargo siguen creyendo en que alguna vez será
Los que sin olvidar perdonan
los que perdonan de modo tal que logran olvidar
Los que saben de cambios pero no se atreven a enfrentarlos
Los que no estuvieron en el momento justo,
ni en el lugar indicado
Los que se quedaron solos
Los que saben vivir cada día como si fuese el único
Los que caminan sus ciudades con el entusiamo de los viajeros
Los que perdieron una y mil veces
Los que aprendieron a remar entre grises
Los que confían en que no hay mal que por bien no venga
Los que conocieron el infierno y hoy están acá
Los que confían que habiendo sido vencidos,
aún así han triunfado
Los que no tienen miedo a la incertitud
Los que aman lo que hacen,
los que hacen lo que aman
Los tristes por amor

Los que saben de fines
Los que se quedaron con todas las fichas,
cuando los demás comenzaron a jugar al ajedrez
Los que aceptan lo que viene,
pero no se resignan a cambiarlo
Los que creen que aunque todo tiempo pasado fue mejor,
lo mejor aún no llegó
Los que están siempre y a pesar de todo
Los que perdieron al ser que más amaron
Los que dicen lo que piensan,
los que sienten lo que dicen
Los que disfrutan de tus logros,
aunque estén viviendo el peor de los fracasos
Los que saben ser felices y volver a empezar
Los que ya no son felices
los que nunca lo fueron
Los que creen que todo es por algo
Los que ya no ven...
Los insomnes
Los utópicos
Los libres
Los que se atreven
Los justos
Los distintos
Los que nunca se fueron,
los que saben regresar
Los que han sufrido un gran dolor

y hoy saben que pueden sobrevivir a todo

-------------------------------------Los héroes anónimos...
Hoy estamos aquí , en su balcón

 
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