27 de septiembre de 2014

Los lugares no tienen memoria

Algunos tendemos a creer que se acuerdan. Elegimos que así sea, otros no. 
Queremos dejar rastros, huellas, en los espacios habitados. Un modo de ser más uno mismo.
Pensamos que nos recuerdan: los días, las fechas, y quizás dancen sin nosotros...
Los lugares parecen no tener memoria, o lloren y quizás lo oculten, nuestras ausencias.
Tuve que abandonar mi casa de la infancia a los doce años, y siempre pero siempre sueño con volver, con verla, palparla, olerla...
Porque nunca dejó de ser mía, ni en mi pensamiento, ni en mi corazón.
La escuela donde sufrí cuanto gocé, tal vez ignora que solo me atreví a regresar muchos años después, cuando con dos colegas buscábamos un lugar para el almuerzo. Y fui yo la encargada de convencerlos, que la cantina del colegio era un exquisito lugar. Para mi sorpresa, hoy construida, en lo que entonces era mi aula de primer grado. Y volvían los recuerdos insolentes, y no me dejaban estar en el presente mismo... Esos patios hablan, me hablan. Me recuerdan quien fui.
Medrano me vio sufrir. Cuánto me vio sufrir mi casita azul... Fue muy dura la partida. Nueve meses sin dormir por la música de un vecino. Festejé irme, dejarte, traicionarte con la que hoy es mi casa a metros de vos. Y al transitar tu cuadra poco recuerdo, a pesar de lo mucho que sí me diste y valió la pena ser vivido.
No hay señales que lo indiquen, como la esquina de Moldes y Congreso, donde recibí un treinta de enero, un texto que decía "Partió el miércoles, tuvo un infarto masivo, hoy descansa en paz"...
No sé si mi mesa en el Club del Tejar nos piensa, tratando de resolver los amores y la vida, mientras el resto jugaba al tenis. Me temo que no haya sabido de tu ausencia, ni de la mía.
Quizás sean más inteligentes y sepan soltar afectos, y olvidan que alguna vez formamos parte de ellos, que tramos de nuestra historia se escribieron ahí.

3 comentarios:

Palabras Perdidas dijo...

Es una verdad de perogrullo, pero tienes razón, los lugares no tienen memoria, la tenemos nosotros. Por eso un mismo lugar puede ser el cielo o el infierno, puede provocar dolor o felicidad.
Ya sabes... nada es lo que parece y todo acaba siendo subjetivo.
Besos

TORO SALVAJE dijo...

Justo ayer visité un lugar muy querido para mí.
Ya no hay nada.
Ni los que están recuerdan nada de lo que hubo.

Todo desaparece.

Besos.

Beatriz dijo...

Suele pasarme que al volver a aquellos lugares que hube habitado me parece escuchar las voces de los que por allí pasamos. En el patio del que fue mi primer colegio siento el murmullo del recreo. en mi primera casa las charlas de mi abuela, en el conservatorio mis primeros acordes en el piano, mis timidas sonrisas en la esquina donde me encontraba con él... Acaso aquellos lugares que habitamos no arropan el sonido de nuestra vida en su geografía? quiero pensar que algo nuestro se queda allí para siempre- Abrazos Rochi

 
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