17 de septiembre de 2014

De fortalezas y debilidades

Cuesta tantas veces estar. Cuesta ser. Cuando los minutos se multiplican infinitos y el tiempo se vuelve un abismo difícil de abordar.
Cuesta no estar con vos. Cuesta tanto...
Cuesta tenerte lejos y extrañarte.
Cuesta la subida en pendiente, desde que los tiempos abandonaron la meta clara, el andar calmo, pausado, feliz.
Cuesta también sonreír ante la vicisitud.
Cuesta creerte; hoy. Nunca será igual.
Y soy fuerte ante la adversidad.
Resistir, de eso se trata.
Me obligo, lo logro, lo alcanzo. Llego.
Y me gustan los desafíos aunque les tema.
Me puede una mirada triste, un pedido de perdón. No me es complicado perdonar.
Lo he hecho una y mil veces, como si el tiempo sobrase. Como si siempre se pudiesen conceder nuevas oportunidades.
Y sé escuchar. Escucharte.
Y recuerdo. Te recuerdo. Y a veces es demasiado y urgiría cancelar.

2 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Un día de repente empecé a olvidar hechos que fueron muy dolorosos.
Sucedió de forma paulatina y sin darme yo cuenta.
Ahora para recordarlo tengo que esforzarme. Antes lo recordaba sin querer.
Supongo que el cerebro decidió que ya estaba bien de sufrir y se puso a trabajar eliminando automatismos neuronales o algo parecido.

Besos.

Palabras Perdidas dijo...

Si la herida es profunda, el perdón cuesta más, a mi me cuesta cada vez más, sobre todo si no te lo piden.
Y a veces no llega ni el perdón ni el olvido.
Besos

 
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