14 de septiembre de 2014

De soledades

Es estar con vos y sentir sin embargo la distancia. Con vos, y con vos también. 
Experimentar la unidad; esta unidad que aleja y convierte todo en un laberinto sinfín, a transitar; solos. 
Porque estamos en soledad y lo estaremos siempre en el transcurso de este viaje, a pesar de las compañías transitorias.
Estamos solos, y a veces se siente más.
Cuando las horas se multiplican en milésimas de segundos infinitos, cuando el estar siendo pesa y la mente no puede parar, no se detiene, avanza y retrocede, y busca y no encuentra, y toma un mantra que repite sin cesar, buscando...
Es estar con vos, con todos, y sentirlos lejos. Y querer explicarles y ya no saber cómo, porque no solo es soledad, es vacío. Un vacío inconmensurable que hace dudar de la integridad del ser.
Y busco planear los tiempos y así, muchas veces, el nudo se esfuma, pero no lo suficiente como para olvidar los huecos.
Planificar sola y estar conmigo misma, e intentar convertirme en mi mejor y única compañía.
Busco completarme. Como era antes. Cuando todo esto no ocurría. Y me desplazaba por el mundo; libre. Disfrutando de cada minuto elegido, de cada lugar.
Que ceda. Que se asiente. Que ocurra.
Que el recorrido de otras tierras sea anhelo y paz.
Que los recuerdos no atormenten ni se manifiesten; incipientes.

1 comentarios:

Palabras Perdidas dijo...

Texto profundo y reflexivo.
La soledad física es sencilla de paliar si se desea. La otra, la que se siente aún en compañía, no lo es tanto. Requiere sosiego y paz espiritual y eso es muy difícil de conseguir.

 
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