17 de octubre de 2014

Km 5 (parte VII)

Ella no podía detener el llanto, viendo su bolso ya armado.
Estaba llena de miedos, y además, también le temía a la ciudad. Hacía varios meses que la había abandonado, y si bien no tanto como a él, pero ésta la afectaba. Además debía encontrarse con su último jefe, conciliar, enfrentar a la familia. Es probable que al verlos no les pudiese mentir.
Y mientras tanto la otra tendría toda la libertad para estar con Claudio...
No podía no pensar que partiendo ella, ésta se instalaría en la casa, y al regresar se encontraría con una escena que no quería ver.
Lloraba por eso. Por todo. Él buscaba calmarla.
Perdió la cuenta del número de veces que hacían el amor en un día.
No, no podía concebir una vida donde él no formase parte...
Cuando se estableciesen económicamente, quería tener un hijo. Los nombres estaban elegidos desde el comienzo. Pero no antes de eso. Económica y psicológicamente.
Ella sí podía subirse a ese barco sin timón, pero temía que un bebé debiese pasar esta situación, y los nervios de los últimos meses habían logrado que ni lo considerase.
Fácil hubiese sido para ganar la partida, un embarazo. Claudio amaba los niños. Y sería muy feliz con la noticia.
La despedida fue desesperante. Poco le importaron los testigos en la terminal de buses. No podía controlar el llanto, a pesar del sedante que él le hizo tomar para que calme sus nervios y logre dormir durante el viaje
Sin embargo, y desde siempre, las rutas la hacían pensar, reflexionar, y ahí tomó conciencia de los kilómetros que los separarían.
No pudo conciliar el sueño, un poco por lo que producen en ella los trayectos, y otro poco porque tenía un compañero de asiento con ganas de conversar. Era oriundo de Esquel, e intentó durante todo el viaje convencerla de que él podría ayudarlos con los contactos.
Pisar Buenos Aires le aclaró un poco las ideas.
En pocas horas tenía el encuentro con el abogado. Se dirigió a su casa. No se sintió rara de encontrarse ahí, y antes de desempacar las pocas cosas con las que viajó, lo llamó a él. Gracias a Dios le respondió y lo halló tranquilo.
La conciliación la afrontó con fuerza, muy respaldada por su abogado, que tomó desde el inicio el manejo de la situación.
No así el encuentro con su madre y hermano, que le robaron la poca energía restante. Para ellos, había estado haciendo una pasantía en el Sur, y la pregunta candente era cuándo pensaba volver a trabajar y tomarse la vida en serio, en vez de estar haciéndolo por mero capricho, en un lugar donde no recibía un peso, si además tampoco había ganado mucho conciliando. No entendían que llevar el caso a juicio tampoco era recomendable.
No estaba dispuesta a soportarlos. Rápidamente, y no sin discutir, se retiró a su casa.
Quiso llamarlo de nuevo para contarle las novedades, pero esta vez no lo encontró. Raro por la hora. Quizás estaría en el hospital. Prefería pensar eso. También le molestó no recibir un llamado suyo durante el día, que no había sido sencillo, y no se sintió acompañada ni a la distancia, como tantas otras veces.
Tampoco podía sacarse de la cabeza la idea de que no respondiese el teléfono porque estuviera con la otra ahí. Desconfianza era lo que le sobraba.
Sabía también que no podría darle los datos de Esquel. Él no soportaría nunca que hubiera estado contando la historia, y a un hombre. La otra sí podía hacerlo, ella no.

5 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Y ni un momento de racionalización.

Palabras Perdidas dijo...

Una partida siempre es difícil, pero aveces para ganar hay que perder primero
Besos

Yessy kan dijo...

Muy dificil la situación por la que esta pasando tu personaje. Las separaciones duelen tanto como cuando la muerte nos visita. Interesante capitulo. =)
Saludos

TORO SALVAJE dijo...

Cada vez va acumulando más rencor...


Besos.

Mª Jesús Muñoz dijo...

Toda una encrucijada por lo que veo...La paz está lejos cuando la desconfianza, el odio y el dolor están cerca...Mi abrazo y mi ánimo por tener el temple de seguir con esta historia.
M.Jesús

 
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