27 de octubre de 2014

Borges, encuentros (parte I)

Me encuentro frente a su puerta. Estoy en Maipú y Charcas. En una esquina.
Su departamento da a ambas calles. He decidido tocar el timbre y esperar.
La ciudad pareció aquietarse. Una música muy lenta lo inundaba todo.
Los coches dejaron de pasar. Ya no había buses y solo tenía la vista de la Plaza San Martín.
No supe si estaba soñando. Él bajó. Apoyado en su bastón. Solo.
Me pidió que lo acompañara hasta la plaza. Ahí nos sentamos...

-Tantos años estudiando su obra, maestro, y ahora no sé qué decirle.
-No me diga nada. A veces no hay nada más elocuente que los silencios.
-Perdóneme la intromisión. Toqué el timbre para ver si quien viviera ahí, me permitiría tal vez visitar el departamento que usted habitó. Perdón, habita.
¿Vive con María, maestro? - Un poco le preguntaba para intentar ubicarme en el tiempo.
- ¿María?
-Ay maestro, no sé si hago bien. Quizás deba ir viviendo las cosas a su debido tiempo, sin conocer nada del futuro.
-Tal vez.
Vivo con madre, Fani y mi gato Beppo. Usted sabe mucho de mí.
-Todos maestro. Todos los que amamos su inmensa obra sabemos mucho de usted.
-¿En qué año estamos? - le pregunté para continuar la charla.
-En 1970
.¿En qué mes?
-Agosto.
-Imposible, aún no he nacido.
-Y yo aún no he muerto.
-Ya escribió "1964", es mi poema favorito. ¿Fue en ese año que lo escribió? Si yo le contara todo lo que me ha ocurrido con ese poema...
-Cuénteme.
-Lo aprendí de memoria a los seis. Ya verá, una niña melancólica "ya no seré feliz tal vez no importa", "ya no es mágico el mundo te han dejado", "un símbolo una rosa te desgarra y te puede matar una guitarra"
-¿Seis tenía? - me preguntó sorprendido.
-Sí, maestro. Llegó a mis manos no por casualidad. Mi padre volvía a casa con su libro gordo, verde, el de las obras completas. Con los años lo llamarían "incompletas", porque usted continuó escribiendo hasta mucho tiempo después.
-¿O sea qué voy a vivir muchos años más?
-Unos cuantos ¿Le molesta saberlo?
-Me da temor. Ya sabe. Estoy ciego. Madre es mayor.
-No se preocupe, maestro. No estará solo.
-Me hubiera gustado conocer el Hotel Las Delicias - le dije con emoción.
-Podemos tomar un coche. Se lo mostraría gustoso.
-Me temo que ya no está. Allí escribió ese cuento fabuloso, "25 de agosto de 1983". Todos creerán que estaba anticipando la fecha de un suicidio premeditado para el día siguiente a su cumpleaños número ochenta y cuatro.
-¿Cómo que ya no está? Este país se encarga de destruirlo todo.
Me decía del cuento ¿Y no fue así?
-No, maestro. Usted vivirá muchos años, y morirá acompañado si es a lo que tanto le teme.
A pesar de su ceguera viajará mucho. Mucho más de lo que espera.
-¿Y ahora cuénteme de usted?
-¿Yo? Estudié Turismo, idiomas. Decidí estudiar Letras ya de grande, pero tuve que dejar.
He hecho muchísimos cursos sobre su obra, me han sabido guiar.
Dígame, muchas veces nos la ha querido complicar con tanta historia inventada...
-Bromeaba. Quería hacerlos investigar ¿Tanto me han leído?
-Cada vez más, maestro.
-¿Eso solo tiene para contarme?
-¿Qué querría saber?
-¿Tiene suerte en el amor?
-No mucha.
¿Maestro, es cierto que en Cambridge se encontró con "el otro", el Borges más joven, al que le contó cosas de su futuro?
-Nunca supe si lo soñé u ocurrió de veras. Pero yo estaba en ese banco frente al río Charles, y aquel muchacho se sentó en la otra punta del mismo banco.
-Es una historia maravillosa.
-¿Lo cree? Yo temí perder la razón.
-Sí, sí, nos lo dice al comienzo de la historia.
-Y usted que sabe tanto ¿Madre vivirá muchos años?
-No creo que deba preocuparse ahora por eso. Aunque perder a los padres siempre es difícil. Yo creo que es algo que no se supera.
-¿Usted los tiene?
-Yo perdí al mío a los diecisiete años. Tuve una sensación muy extraña. Sentí que muerto sería solamente mío.
Usted lo conoció. Seleccionaron juntos una colección de poemas para leer en el Teatro San Martín. Él fue el encargado de leerlos.
-Mire, usted. Pero eso no ha pasado aún...Veré si lo recuerdo cuando ocurra.

De pronto todo adquirió otra velocidad. Ya no nos oíamos con claridad.
Me pidió lo acompañase a la Librería de la Ciudad, enfrente de su departamento. Debía firmar unos libros.

6 comentarios:

Palabras Perdidas dijo...

Preciosa conversación que, estoy seguro, te hubiese gustado mantener.
Y que a lo mejor mantienes en otro plano. ¿Quien sabe?
Besos

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Que conversación. Parece como si realmente hubiese sucedido.

TORO SALVAJE dijo...

He alucinado con la conversación.

Bravooooooooooooooo por ti.

Besos.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Muy creativa manera de presentarnos la intimidades del viejo Borges a la vez que nos dejas entrever algo de las tuyas...
Te dejo el link de algo que escribí hace un tiempo. Se parece bastante a lo que narras de ese encuentro ficticio.
http://neogeminis.blogspot.com.ar/2011/05/un-te-entre-tigres-y-laberintos-re.html

Mª Jesús Muñoz dijo...

Me ha encantado tu charla con Borges, pienso que él mismo te ha inspirado, la sincronía entre la tierra y el cielo existe, amiga...Mi felicitación y mi abrazo inmenso por tu creatividad y cercanía, Rochis.
M.Jesús

Mario gomez garrido dijo...

Para mi, una cosa así, más que una invención, sería un deseo, qué lindo. Una vez soñé con que le encontraba en una librería de viejo, y sentí lo mismo que al leer esto.

 
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