21 de octubre de 2014

Km 5 (parte IX)

Comenzaron a correr los días.
Ella era todo llanto y angustia. No podía concebir el engaño, pero mucho menos, que él no intentase recuperarla, mentir, llamarla al menos. Decir algo. Justificarse. Pero nada de esto ocurría.
Ella lo llamó varias veces más. Siempre para agredirlo, sin poder evitarlo. Sin ver que con esto no hacía más que alejarlo, restar puntos, cuando la otra estaría haciendo todo lo contrario. Además de ser tan "sumisa y colaboradora".
Pero la gobernaba la impotencia.
¿Qué debía hacer? Ahora todo era un duelo telefónico, y ella por otra parte no se animaba a hablar. Cuando la otra atendía, ella cortaba. Hasta que un día le dijo: ya sé que sos vos. Es muy cobarde de tu parte no hablar. Estoy acá desde que te fuiste ¿Qué más querés saber? Estás de más, sobrás.
Con Claudio nos amamos, y vos no viniste más que a entorpecernos. Es cierto que al principio te llamó, estábamos mal, y como bien sabés no aprende a estar solo. Te llamó sin medir consecuencias. Nuestra pelea había sido un simple cambio de palabras. ¿Estás ahí? ¡Ah! y no molestes más a su hijo, no lo manipules. Crecé.
Entre ambas había más de una década de diferencia.
Cortó el teléfono y siguió llorando. Se encomendó a Dios.
Quizás debería pautar alguna de las entrevistas que el marido de su madre le había conseguido. Faltaba solo llamar y fijar un horario.
Sebas tenía razón ¿Y de su vida qué?

2 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Admiro su espíritu de lucha.
Yo ya me habría apartado.

Palabras Perdidas dijo...

Parece que empieza a asumir la realidad, por dura que sea y a pensar en reconstruir su vida. Imagino que el protagonista masculino, al final recogerá la cosecha de lo que sembró.
Besos

 
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