7 de diciembre de 2014

Encuentros, Borges (parte XIV)

Esa mañana averigüé cuánto costaba un coche a Luján.
Me contestaron que doscientos pesos. Era evidente que estábamos en el año 2014.
Si me hubiese comunicado desde la casa de Borges, seguramente me hubieran dado otra cifra, en otra moneda. Pero siempre terminaba por pagar él.
Lo llamé con el tema resuelto. Pasaría a buscarlos a las once de la mañana, así de paso, los invitaba a almorzar en Luján, al lugar favorito de Jorge, el restaurante "1800". Hice también la reserva.
Llegamos al mediodía. Borges pareció disfrutar mucho del trayecto. Lo mismo que lo había visto gozar en el viaje a Adrogué.
Salir de la ciudad lo beneficiaba. Cambiaba su semblante.
Quiso pagar él, como hacía siempre. Se lo impedí. No quise que se diese cuenta aún, que desde mi parecer estábamos en mi presente y no en el suyo.

Lo mismo ocurrió en el restaurante.
-¿Y adónde ha conseguido dinero? - me hostigó.

No supe mentir.
-Pero dígame, ¿entonces estamos en el futuro?, ¿cómo pudo haber ocurrido?
Escúcheme, eso no nos favorece. Su hermano en esta fecha está muerto. Y usted, apuesto a que podría llegar sin dificultad a la casa donde ha solido visitar a María Gracia.
-No, maestro. No recuerdo la dirección exacta. Solo sé que era en la calle Andrade...
-Espérenme aquí, voy hasta la Catedral. Preciso hablar con un cura.
-La esperaremos.

Al ingresar, una música muy tenue sonaba. No sé si interrumpí un casamiento, un bautismo...
No veía ningún cura. Me mezclé entre la gente. Vestían distinto.
Yo debía cuidarme mucho con la ropa. No podía utilizar con naturalidad mi vestimenta de siempre.
Fani me había acompañado a hacerme de algunas prendas.
Me arrodillé a rezar. Pedí que ese viaje no fuese en vano, que lograse volver con alguna averiguación.
Aunque ellos hubieran estado fascinados en acompañarme, no podían hacerlo asiduamente.
Decidí volver al restaurante. Me sentía extraña. Caminaba más lento. Todas las calles eran de adoquines y los pocos autos que circulaban, eran muy antiguos. Incluso vi a algunos hombres a caballo.
Temí no encontrarlos.
Sin embargo, estaban ahí, esperándome.
-¿Cómo le fue?
-No logré hablar con un párroco. Creo que interrumpí una boda, pero al salir varias señales me indicaron que estaba en el tiempo de ustedes, y no en mi presente. 
¿Pudieron sentirse en el futuro?
-Yo sí, respondió inmediatamente Fani. Todo iba a otra velocidad, y los mozos nunca más volvieron a la mesa. Como si no estuviésemos...
Los llamé y no venían.
Tal vez le ocurrió lo mismo a usted en la iglesia. Dudo que no haya habido un cura en tamaña catedral. Creo que estamos en dificultades. Ya veremos cuando traigan la cuenta.

Efectivamente era en el dinero de Borges. Una vez más no lo podía invitar.

-Pero pagó el coche. Y vimos la ciudad a alta velocidad. Para empezar es mucho. Me hizo estar vivo en su tiempo.
Volvamos a la iglesia, dijo muy certero.
-¿Piensa entrar?
-¡Mire de lo que soy capaz!
Usted tiene que decirle a un párroco, que busca a su hermano. Con nombre y apellido.
Tal vez como bien me dijo hace un tiempo, debe haber sido bautizado acá, si su madre es tan creyente.
-Eso haré.

Los tres nos dirigimos a la Catedral.
Me confesé. Confesé toda la verdad. Todo lo que me estaba ocurriendo desde los últimos días.
Había ocurrido tanto en tan poco tiempo...
Sé que no me supo entender, pero sí me dio algo de paz.
Estoy segura que no dudó que estuviese por lo menos algo confundida.
No me ocurrió lo mismo en el Santísimo Sacramento, donde el Padre supo comprenderme tanto.
Me pidió que rece mucho, y me acompañó a ver los registros de los bautismos acontecidos en el sesenta y seis. Efectivamente figuraba el nombre de Jorgito, junto al de sus padres.
Ahora todo sería más fácil. Le agradecí y me retiré.
No existían los locutorios. No sabía dónde ubicar una guía telefónica para averiguar la dirección.

-Solo lo logrará en un comercio - acotó Borges.
Entremos a una santería, elegiré algo para madre.

El teléfono figuraba a nombre del marido de María Gracia, Relián. No sabría qué decirle...
Prefería ir a espiar la calle que publicaba la guía.
Algo teníamos a favor, no se sorprenderían María Gracia o Relián de ver a Borges en la zona.
Era mejor estar en el pasado.
Borges propuso un copetín antes de la nueva peripecia, y los tres coincidimos.

2 comentarios:

Mario gomez garrido dijo...

"Era mejor estar en el pasado" :Subscribo, aunque quizás no debiera. La búsqueda se mantiene siempre muy intensa, no se como lo consigue escribir así de bien. Luján es un escenario y un nombre idóneo para esta historia, tan lindante con lo milagroso. A Borges yo también me lo imagino siempre pagando las cuentas.

TORO SALVAJE dijo...

Ah si...
Yo en el pasado estaba mejor.

Besos.

 
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