16 de diciembre de 2014

Encuentros, Borges (parte XVII)

Una noche quise aprovechar que mi padre se retiraba, para caminar unas cuadras con él.
A Borges se lo notaba cansado, apoyado sobre su bastón nos observaba en silencio.
Era una buena ocasión.

-¿Ha conseguido casa?- le pregunté al salir.
-Sí, Arenales entre Suipacha y Carlos Pellegrini. Acá a dos cuadras. No podré acompañarla mucho en la caminata.

Arenales 952, repetí para mis adentros. El departamento que abandoné a los doce años...

-Algún día podríamos reunirnos en casa. Podemos cenar. Conocen a mi esposa...

Y yo a mi madre, pensé. Aunque ese mismo día hubiese almorzado con ella para cubrir un poco mis extrañas ausencias.

-Será cuestión de que se lo proponga al maestro. No decido nada antes que él.

Esa noche al llegar a Palermo, pensé que faltaba solo un mes para que yo nazca.
Puede que exista un doble lineamiento en el tiempo, como me dijo el primer sacerdote "si uno tanto lo desea".
Pero dos personas con mi identidad, eso sí que no lo creía posible...
Comencé a pensar que ese bebé impediría el doble fluir en el tiempo. Solo charlarlo con Borges me calmaría.
Quería llegar al menos al día de la presentación del libro y lograr que María Gracia hiciese más que callar. 
Era muy poco el tiempo que restaba y tampoco se trataba de una tarea fácil.
Yo nacería el catorce de octubre y estábamos en los primeros días de septiembre.
También debía conversar mucho con el maestro. Ayudarlo a él. Convencerlo de que su futuro iba a ser provechoso y que le esperaban años de gran dicha.
No podía decirle que su madre viviría hasta los noventa y nueve años, como en una ocasión quiso saber, ni que María iba a convertirse en su esposa, o que viajarían mucho. Muchísimo.
Tal es así, que el libro que intentábamos juntos, el de los pueblos aledaños, no se publicaría nunca, pero si nacería "Atlas" con todos los viajes que ellos dos juntos hicieron.
Él volvería a Islandia. Irían a Egipto, a Japón. Viajarían en globo...
María se convertiría en sus ojos.
Lo hubiese tranquilizado, pero no, no podía hacerlo.
Él debía seguir transitando el año setenta y vivir todo a su debido tiempo.

3 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Yo se lo hubiera dicho todo.
Quizás hubiera vivido mejor.

Besos.

Raúl dijo...

"Todo a su debido tiempo..."
Un fuerte abrazo.

Mario gomez garrido dijo...

Si supiera lo que iba a viajar....siempre nos queda en el futuro un viaje a un lugar que desconocemos, este es una de las cosas con las que me suelo consuelar...se anuncian nuevos encuentros, nuevas emociones, todo a su debido tiempo.

 
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