3 de diciembre de 2014

Km 5 (parte XVI)

Fueron dos meses de mucho vaivén emocional.
En su ámbito laboral, poco pudo decir, con lo cual estaba obligada a fingir estar bien, ocho horas al día.
Continuaba el miedo a estar sola en su casa, y Alejandro y Álvaro no cesaron nunca de llamar y ayudarla en tan difícil momento.
Con Alejandro nunca se conocieron, ni se conocen hasta hoy.
Sin embargo, fue él quien no escatimó en llamarla cinco veces al día y chequear sus distintos estados. Oírlo la calmaba. Él siempre le demostraba que había tiempo. Al revés de lo que ella sentía. Experimentaba constante prisa, sin razón. Hacía tiempo que luchaba contra eso.
Lo que Alejandro nunca entendió, es el contacto con Viviana. No se lo podía explicar, después de tanto daño...
Ella, por el contrario, era de dar segundas oportunidades, siempre fue así, y las charlas con ella lejos de afectarla la tranquilizaban. Le hacía bien ver como un vínculo puede variar en el tiempo.
Después de todo ambas habían amado hasta la locura al mismo hombre. Y ahora él había muerto.
Nadie mejor que una para entender a la otra.
De lo único que ella se arrepintió verdaderamente es de no haber tenido más cuidado, pudiendo haber evitado ver esas tres últimas fotos que la lastimaron tanto, que la anudaron por completo. Los ojos de él hablaban; estaba muy triste.
Hubiese preferido conservar la imagen que tenía en su memoria.
Un día ella caminaba por una avenida y le cayó una rosa a los pies...
Supo que estaba en el camino.
Le contó a Viviana que viajaría a Montevideo, en mayo, para el veintitrés, que era el cumpleaños de Álvaro. Le contó también que impensablemente estaba construyendo esa historia, una vez más a la distancia, pero sintiendo algo tan especial como pocas veces le había ocurrido en su vida.
¿Podría volver a confiar?
El último veintiuno de marzo habían estado juntos en Montevideo. Habían tocado el cielo con las manos. Mirando el río, en una noche de luna llena.
Álvaro era el primero en saber todo lo que había vivido en los dos últimos meses, y en los dos últimos años...
Pero el sentimiento entre ellos estaba latente, vivo desde hacía tiempo, y no hicieron más que concretar "la historia pendiente". Se habían conocido en 2008, al mes del fallecimiento de Jorgito, y días antes de que ella fuese internada.
Ella pareció alegrarse y para sorpresa de ambas, coincidían en la fecha en que viajarían a Montevideo.
Viviana tenía pensado un viaje liberador para el veintiuno, con noche en Buenos Aires.
Ella los esperó en el Aeropuerto. Quiso darles la sorpresa.
Al día siguiente almorzaron juntas y ella le entregó a Juampi, las cosas que conservaba de su papá, excepto aquellas muy especiales.
Embarcaron pasadas las cinco de la tarde.
Ella iba con Luciana, una gran amiga. Algo podía fallar y no quiso arriesgarse.
La primera vez había ido con Olga, una colega del trabajo. Aún no se animaba a viajar sola.
Esta vez se solidarizó Luciana y pasaron una semana espectacular, llena de grandes emociones.
Juampi hizo su primera filmación con Álvaro. El nene soñaba con ser director de cine. Álvaro tenía la escuela "El Montevideano-Laboratorio de Artes".
Álvaro filmó a ambas mujeres, y se conmovió con la historia.
Cuando ella estuvo totalmente repuesta, él comenzó a alejarse.
La idea de ella era vivir allá.
La embajada le acababa de demostrar que había dejado de ser el mejor lugar para estar. Ya llevaba doce años allí, y estaba siendo víctima de acoso. Si la echaban, mudarse de país sería comenzar de cero. Quizás el mismo Claudio la estaba ayudando.
Parecía no estar complicado vender en Buenos Aires y comprar en Montevideo, ni tampoco hallar una salida laboral ahí: talleres literarios, cursos de idiomas, cartas natales. Más su contacto con la Secretaría de Cultura, logrado en la Bienal Borges Kafka, realizada en Buenos Aires un par de meses atrás.
Todo parecía coincidir para que ella diese el salto y cruzase el charco definitivamente.
Quien por supuesto no la apoyó fue su familia. Una vez más.
Cada vez que ella iba a cobrar vuelo, que se sentía fuerte para enfrentar la vida sin muletas, aparecían "ellos" para desmoralizarla. Como si ya no hubiese sufrido lo suficiente.
Como si los quince años de idas y venidas emocionales no la hubiesen ya dañado. Como si nunca tocase ser feliz.
No contó con el apoyo de ellos, pero para su sorpresa, tampoco con el de Álvaro.
La intentaba convencer de que ella venía de la gran ciudad, que Montevideo era un pueblo, que pronto la aburriría, y que lejos estaría de cubrir sus expectativas.
Sabiendo lo que vivía en su ámbito laboral, le sugería sanar el vínculo.
¿Una vez más tocaba perder? ¿Él no apostaba entonces a una relación por ambos tan esperada?
Era evidente que prefería la distancia, y sobre todo saberla frágil. No pudo verla "llevarse todo por delante", le supo decir, sin miedo a nada. Llena de proyectos, con la fe de que si algo en verdad lo deseaba, iba a ser realidad.
Con Viviana, Juampi y Luciana, recorrieron la ciudad muy felices los cuatro. Situación impensada: perdonar, liberar, y empezar de nuevo, aún y a pesar de todo.
¿Podría ser cierto que Álvaro no la hubiese querido nunca de verdad?
¿Qué todo él fuese una mentira, como le decían muchos?
Juntas programaron volverse a ver en el Sur. Ella quería despedirse de él.
Enterrarlo como no pudo hacer tampoco con su hermano.
Su analista se lo aconsejó: "enterrá a tus muertos".
Y así fue. Viajó un once de junio, dos días antes de lo que hubiera sido el cumpleaños número cincuenta y uno de Claudio.
Fueron hasta el cementerio, ella le enterró algunas medallitas que conservaba de él.
Juampi se quedó hablándole en voz alta. Contándole del viaje, de los goles del mundial. Le contó que Drochis le había traído la camiseta uruguaya número trece de Abreu, que habían estado juntos en otro país, que había viajado en avión, y que en un mes cumpliría once años. Que hubiera querido que él esté, pero que la mamá le iba a hacer una fiesta con todos sus amigos por sus buenas notas en la escuela.
Ellas se alejaron. Era increíble la naturalidad con la que hablaba Juampi.


Luego se volvió hacia ambas, "me dijo que está muy bien. Que no vengamos más porque no va a estar. Que va a cruzar la puerta azul".

2 comentarios:

MaRía dijo...

Hace tiempo que te perdí ...
perdona que te deje aquí este comentario pues no puedo comentar el texto sin haberlo leído desde el comienzo ( cosa que me llevará tiempo y espero encontrarlo)
Te recuerdo y te abrazo .. buscaré tu mail para explicarte mejor , vale?
Sólo una pista : tengo guardadas con mucho cariño unas fotografías que me regalaste de un viaje tuyo a Montevideo en el café de Benedetti
Muchos besos .. y un abrazo enorme

Capri

TORO SALVAJE dijo...

La puerta azul...
Será que lo dijo?
Igual si.

Besos.

 
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