18 de enero de 2015

Encuentros, Borges (parte XXVIII)

Tal como lo anticipó el maestro, se repetiría la historia y mi padre respondería a su llamado con rapidez.
Lo mismo ocurrió con la editorial, quedaron fascinados con la idea de un solo tomo para las Obras Completas.
Todo iba de prisa.
Para el primer encuentro, Borges le pidió a su madre que no estuviera, y le dio buenas razones para no ofenderla.
Ella, como acostumbraba a hacer, partió para casa de Norah.
Yo no tenía la emoción de la otra vez. Nos habíamos frecuentado tanto...
Sí me preocupaba, cómo introduciríamos el tema "María Gracia" en la conversación.
Lo hice sin pensar.
Después de la propuesta de Borges, la misma que había hecho en el futuro y que sabíamos él aceptaría, ya en medio de una charla cordial, dije en voz alta que Borges no había dedicado nunca ningún poema a Luján, como por ejemplo sí lo había hecho con Adrogué o Montevideo, y le pregunté al maestro si había andado por aquellos lados. Yo estuve ayer, afirmé. Es un sitio encantador. La gente es más confiada, más afable. Vuelvo con un semblante distinto.

-¿Tiene amigos allá? - preguntó mi padre.
-Sí, no muchos, pero sí.
Espero que me elijan de madrina. Una amiga ha tenido justamente un bebé tocayo suyo, y nos disputamos el madrinazgo entre varios - mentí con descaro.

Borges sonreía.

No perdíamos tanto tiempo en preámbulos. Éramos más directos. Más osados.
Mi padre no se sintió cómodo. Era claro que relacionaba las coincidencias.

-Tuve una novia que había nacido allá - agregó.
-¿Y qué sucedió con ella? - le preguntó Borges.
-Nos perdimos. Malos entendidos quizás. Era una buena joven. Mi madre la adoraba.
-¿Usted está casado, Salcedo?
-No ahora. Lo estuve. En este momento estoy iniciando una nueva relación. Nos estamos conociendo. 
-Parece tener cierta remembranza de su novia de Luján - dijo Borges con picardía.
-Así es. Siento la pérdida.
-¿No había forma de solucionar nada?
-No lo creo, se fue y hoy está casada y ha tenido un hijo. 
Mi sueño lo cumplió con otro. Siempre quise tener un hijo.
-Déjeme decirle que esa historia no está terminada - agregó Borges.
-Le agradezco el optimismo - dijo con cierta dosis de incredulidad.
-No suelo ser optimista. Le hablo por lo que oigo. Por lo que usted transmite.
-Con María Gracia teníamos ya una historia. Eso es lo que pesa. Solo eso.

¡La había nombrado! ya no había dudas.

-¿María Gracia dijo? No es un nombre común. Mi amiga, de la que le hablé, se llama igual - manifesté con sorpresa.
-No creo que estemos hablando de la misma persona - respondió mi padre.
-Sin embargo, nada costaría corroborarlo. Ella se casó con un hombre que no ama, obligada por sus padres ante el inminente embarazo. Un amigo de la familia que le reconoció su hijo.
No sé por qué le cuento esto...

Sus ojos me miraban con miedo y sorpresa, sentí que no podía decir más.
Coordinamos los días de ensayo y quedó más que clara la intención. Destacar lo mejor de las Obras Completas, avanzando cronológicamente. Mi padre como era de esperar estaba de acuerdo. Ya lo sabíamos. Como la otra vez.

4 comentarios:

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Tu ficción sobre los encuentros con Borges se sienten sólidos y fundamentados, además de resultar interesantes y amenos. Se nota que no sólo conocés a fondo su vida, sino que, fundamentalmente, te apasiona.
Un abrazo

Mª Jesús Muñoz dijo...

Cada vez me soprendo mas de tu maestria y buen hacer...Borges tiene forma, personalidad y voz en tus letras, lo has unido a la voz de tu padre, ha pasado a ser parte de tu familia...Mi felicitación y mi abrazo inmenso por tu maestría y buen hacer, Rochis.
M.Jesús

Mario gomez garrido dijo...

Se percibe fácil, lo que siente Salcedo, lo que va por dentro.

TORO SALVAJE dijo...

Yo estoy lleno de remembranzas.

Besos.

 
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