8 de abril de 2015

La doble identidad (parte XXXII)

Con Jorgito nunca pudimos pasar una fiesta de fin de año juntos, porque no nos atrevimos a enfrentar a nuestras respectivas familias y plantearlo. Ya habría tiempo, decía brothercito con cierta resignación. Ya no solo lograríamos eso, sino viajar. Como ya conté antes, nuestra meta era llegar en auto haciendo muchas paradas, a San Martín de los Andes. Yo siempre le decía que era mi lugar en el mundo, y él quería conocerlo. También quería conocer a Roberto, que llamativamente el destino quiso que fuese mi pareja de modo alternado en muchas de mis separaciones de Claudio.
Yo ya había escrito  Historia de un hechizo, y Jorgito había reído mucho con ese libro, e incrementado sus ganas de tenerlo frente a frente.
Nunca faltó a un cumpleaños. Debíamos recuperar todos los que nuestras familias no nos habían permitido compartir. Recuerdo especialmente el número treinta, alquilé un lugar e invité mucha gente. Quería que estuvieran todos los que habían formado parte de mi vida hasta entonces. Ex hijos por ejemplo (tenía varios).
Yo para ese entonces pensaba mucho en alguien, alguien que Jorge conoció esa noche y que catalogó como "dos puntos" que significaba, dos puntos no sirve. Porque para él los dos puntos en la escritura eran totalmente inútiles. Después en el desayuno de la mañana siguiente me dijo: "sembraste el césped, techaste por si llovía, conseguiste los veintidós jugadores y nada, hermanita". "Dos puntos no sirve", reiteró.
Habían sido dos años de romance platónico. Había logrado que casi no pensase en mi distancia con Claudio. Pero nos unían tantas cosas como nos separaban, y avalaba una complicada historia familiar desde pequeño, que lo hacía no pensar siquiera en formar su propia familia. Me lo había dicho muchas veces.
Nos habíamos conocido durante un año por teléfono. Me había vendido unos pasajes a Europa. Nunca le dije lo que sentía por él, ni él tampoco a mí.

-Quiero agradecerle al que te salvó la vida en el río - insistía brothercito. Eso es un gaucho. Si no fuera por él, nunca te hubiera conocido.

Se refería a Roberto que cuando yo en el año noventa y tres me caí de un gomón, remó a contra corriente y pudo rescatarme en un rápido del río Meliquina.
Mi cumpleaños número treinta y siete sería el último que compartiríamos. Era amigo de todos mis amigos. Le encantaba mi gente. Y a ellos él, se hizo adorar siempre... Recuerdo que cuando se iba, le pedí que tuviera cuidado con el auto. Tenía que coordinar la animación y música de "El Mateo" y temí corriese hasta Luján. Me miro desafiante diciéndome: hermanitaaa.
Esa tarde había ocurrido algo muy mágico. El conductor Pipo Mancera, transmitió en su programa "Sábados Circulares", tanto mi nacimiento como el de mi hermano Jota. En la filmación que pasaron, yo tenía dos años y medio. Jorgito me lo trajo grabado. Mi madre ya discutía con mi padre en cámaras, presentando a Jorge Hernán como Hernán.
Jorgto llegó a casa, parecía haberlo tomado de modo muy natural. Incluso se demoró en venir para pasármelo a un CD. Sin embargo, años más tarde, supe que se emocionó tanto como le dolió. Él no había tenido ni siquiera la oportunidad de conocer a mi papá, le había dicho a María Gracia.
Un verano, pasamos su cumpleaños en casa de nuestro tío Antonio. Por lo general no lo sabía festejar, pero esa vez accedió. Nos reunimos todos: Antonio, mi tía María, mis tres primas. Nunca en nuestras vidas habíamos disfrutado de un encuentro así, y yo intuía que no habría muchas oportunidades más. Antonio estaba recuperándose de una intervención quirúrgica. Nos dijo "hablo con mi hermano todas las noches, nos tomamos unos mates y escuchamos tango. Está muy contento de que por fin estén juntos". Nuestro tío murió al año siguiente exactamente un año después de haberme avisado que tenía un hermano en Luján que quería conocerme. Como si hubiese sabido que solo le quedaba ese tiempo para encargarse él mismo del reencuentro y descansar en paz.
Jorgito no fue al cementerio. Me dijo con certeza, que más tarde se tomaría unos mates y escucharía unos tangos con Antonio. 

1 comentarios:

Mario gomez garrido dijo...

Es muy viva la forma con la que describes a Jorgito. Esa metáfora de escribidor de los dos puntos que no sirven es buenísima, pero sobre todo pertinente dada la relación que con la escritura mantiene la protagonista...las metáforas en general, digo, son pertinentes, incluso cuando quizás no quieren ser metáforas, como ese rescate de un río, que podría ser un rescate del tiempo, o el rescate de la tristeza.

 
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