15 de septiembre de 2012

Deshojando atardecidos


Antes de mi segunda caída. De mi incomprensible e injusta segunda caída, volví a Moldes y Congreso
Deshojando atradecidos titulé el escrito, que bien podría ser también el nombre de esta historia. 
¿Cómo estás, tanto tiempo? Me vine caminando hasta vos, para envolverme en tu recuerdo, que ya no es malo. Que ya no duele ni produce temor a las cenizas. 
Las letras surgen imprevistas y recorren esta servilleta que antaño secó lágrimas, cubrió los ojos y las mejillas; calmó el ahogo. 
Donde se desvanecieron las semillas de un mañana; del después que ya no sería. De ese instante donde algunas letras trajeron la sentencia definitiva. Diagnóstico irreversible: dolor, soledad, muerte, recuerdos llovidos y mojados. Anhelos dormidos.
Y pasaron, fueron las sumas y los días, la tarde noche donde decidí volver, a desmitificar/te. A poner tupido velo...
Porque no fue aquí, en una esquina de Moldes y Congreso. Fue allá, muy lejos y muy cerca, juntos en la añoranza, en el entramado de un después posible. Habíamos desafiado al tiempo y al destino. Y ya no lastiman el sabor de la frambuesa, ni el día y la hora exacta. Era veintisiete. Era enero. 
Hoy es septiembre. Casi primavera; se atreven los primeros soles. Se animan los pies a dejar nuevas huellas. Ha transcurrido mucho y poco tiempo. Hemos cambiado cuatros veces la cuarta cifra del año aquel, que hizo que vos y yo, nos detengamos en la espera.
Las letras no sólo ocuparon las tardes de sábado sino cada día de las semanas incesantes, de la sucesión que es rutina y vida, y decisión; elección.
Porque se allanaron los caminos, a pesar de los senderos dobles y los obstáculos. De lo resuelto que se tornó incertidumbre y por fin meseta, llanos, vida.
No anidan los miedos, ni el error. Todo se tornó razón y destino. Aceptación.
Ya no es causa. Es motivo. Y cesan los grises y los vaivenes sin sentido. Parece encauzarse el río.
Si habría motivo o por si acaso, si debía ser así; destinados.
Ya no sostienen los pasados no resueltos; las manos. Ya no llueven lágrimas las miradas, ni apuñalan los ayeres vencidos.
Alguien espera. No sabemos cuándo ni dónde. Y es mañana; el hado urge e impone.
Aún queda mucho por ser, por hacer; por darse.
No lloró el otoño. No presagió la mañana, aquel verano atardecido. 

15 comentarios:

Sindel dijo...

Una belleza, palabras que hablan de lo que se deja atrás para poder avanzar, de un pasado que se va cerrando para dar luz al futuro. Y que me dan ganas, pero muchas ganas de poder decir lo mismo pronto. De poder volver y darme cuenta que todavía quedan los veranos, y atrás quedan los otoños.
Un besote y un placer leerte como siempre.

Any dijo...

Y si, llega la primavera y la servilleta que se usó para secar lágrimas se convierte en una flor de papel ...

=D

Me alegra leer este tono optimista che, en sus letras siempre bien hilvanadas.
un beso Rochies

El Santi dijo...

Es asombroso cuánto importa lo que ya no nos importa. A veces el tiempo se pone del revés.
Está bueno tener mucho atrás para que lo que queda por delante tenga mayor riqueza.

Neogéminis dijo...

..."Aún queda mucho por ser, por hacer; por darse."...
no tengo para comentar nada mejor que esa frase
=)

LA ZARZAMORA dijo...

Cuando los recuerdos ya no duelen, la memoria sonríe.
Y avanzamos volando y estrenando estaciones nuevas.

Besos, linda.

Juan Herrezuelo dijo...

Mentalmente el mundo, la Tierra, ha dejado de ser ese planeta inmenso cuya vastedad apenas podía ser concebida por la mente humana. Esa frase suya: “hoy es septiembre, casi primavera” ya no nos aturde con la certeza perturbadora de toda esa enormidad espacial, sino que evoca un juego de hemisferios, un como reflejo de estaciones… (Y lleva razón en el Loser: cuánto valoro las siempre prodigiosas palabras de Beatriz…)

mario gomez garrido dijo...

Y esa aceptación que es como un desafío, como un logro, como se acepta la lluvia, los calendarios y los errores. Absolutamente.

Javier F. Noya dijo...

Anduvo por mis pagos, doña. Esa esquina es parte de mi barrio. Y parece que en este hermoso texto se revela un sendero claro. Y no es poca cosa. Que el invierno no haya llorado no es poca cosa. Besos

Beatriz dijo...

El círculo de las estaciones nos mece entre ayeres y mañanas, entre despedidas y asombros, entre besos furtivos y abrazos interminables, Los ayeres y las ausencias, que aún alimentan el recuerdo, se sostienen en los brillos del espejo, acaso haciendo un tímido equilibrio en los hilos que se deshilvanan en esa palabra que nos deja el ayer "FUE" Esa palabra que balancea lo vivido entre tiempos diferentes y retiene los comienzos.

Un abrazo fuerte amiga

P/D: Notarás mis distancias. Motivos personales, nada preocupante.
No obstante percibirás mi sombra en tus rincones.

José A. García dijo...

Excelente forma de sublimar un recuerdo entre cálido y doloroso.

Saludos

J.

Lucía.uy dijo...

Estás bien segura?

salú!

TORO SALVAJE dijo...

Estás cicatrizando.
Bien, bien...

Besos.

MAJECARMU dijo...

Rochitas,me gusta esa perspectiva sabia,comprensiva y llena de amor,que deja que fluya el río de la vida...Ahí está tu grandeza,amiga,el pasado no deja dolor,porque no sólo el tiempo ha curado la herida,también tú has limpiado el recuerdo y te has quedado con lo bueno.
Mi felicitación y mi abrazo inmenso por tu buen hacer.
FELIZ SEMANA,AMIGA.
M.Jesús

La misma... dijo...

La aceptación es una derrota o un alivio.Una primavera como la de ahora,puede secar lágrimas pasadas.
Adoro tus escritos.
Humildemente y encubridamente en cierta forma,me debo a ellos.Siempre se aprende detrás de la cordissshera.

JOSH NOJERROT dijo...

No hay que dejarse vencer, todo puede volver a florecer, cada nueva primavera el cielo y el suelo cambian de color para recordarnos que podemos volver a reinventarnos...abrazzzusss

 
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