9 de febrero de 2012

Cíclico


En aquella tarde de abril, nada anticipó el encuentro. Pudo tratarse de instantes; efímeros, que no pasarían a transformarse en recuerdo. Sin embargo, participaste de mi amor a primera vista por aquellos ojos azules; la mirada del maestro Benedetti, me surgió decir, y el aire de Pepe...
Inmediatamente lo llovieron las lágrimas, y emocionado me rogó que no dejase de llamarlo en mi próximo viaje a Montevideo.
Vos te acercaste, a salvarme de mi ignorancia, y a contarme quién era. Fue en el Patio de los naranjos.
Es ahí cuando le imploro; nada lo eximiría de llevarme con él a su paisito anaranjado...
- ¿Anaranjado por qué?
- El maestro decía que era verde, pero para mí siempre fue anaranjado. Por los atardeceres de casa Pueblo, de Punta del Diablo.

"Montevideo era verde en mi infancia
absolutamente verde y con tranvías
y el Prado con caminos de hojas secas
y el olor a eucaliptus y a temprano"

La noche permanece imborrable, en los jardines de otra embajada. Yo llevaba un bolso de tela blanco con un corazón negro que decía "L'amour foux".
A la mañana siguiente empezaban las jornadas que nos ocuparían casi veinte días. Y aquel, desde sus ojos color cielo, me daba la bienvenida. Repite que para él seré inolvidable. Respondo que no me podrá olvidar porque me tendrá muy cerca siempre.
Los días transcurrieron afanosos; la pasión unánime, el placer desmesurado. Laberinto de deleites borgeanos. Encuentros desde siempre. Y así, me alejaba de mi vida de hacía tanto para acercarme a ellos, que parecían llegar por vez primera y sin embargo, los sentí cuánto más cerca.
En cinco días ya era otra, otra que no olvidaba a la anterior, pero que se sabía fuerte y segura. Determinada. Al fin entera. 
Los mensajes del alma sonaban a modo de mantra. Daban la energía para continuar, segura del camino incierto. 
El día anterior a aquella tarde, había estado con vos, hermanito; con vos y tu Carlos Keen, cuando de nuevo los colores del cielo se parecieron a los nuestros, y el restaurant 1800 y tu casa blanca ya no dolieron.
Pero todo comenzó después de Tigre. No supe escaparme, quizás no quise, tal vez era mucho el dolor del destrato, de mi sueño; el nuestro, depositado en vos; de la esperanza que comenzaba a hacerse añicos por tu distancia insondable que ni siquiera quisiste fingir. 
Tres conciertos dieron marco a esos días. 
Nada hablaría del después, de aquello que quisiste no tuviese pasos de comedia ni de drama, de lo que te hizo no ocultar a tus hijas, a tu ex mujer, ni a todo tu entorno, el vínculo que crecía. 
Sopesaban las miradas. La desaprobación, el desconcierto o la envidia. Jamás lo supe.
En medio del caos, estuviste lejos.  Sí, ya sé que interpreté mal, que nada más lejano a vos, que querer distanciarte. Lo sé y quizás fue verdad.  Acaso nos aferramos a lo que sentimos más nuestro. Necesitamos hacer pie en algo cuando todo tambalea, y sentir tu distracción, sufrir tu ligereza y olvido. Fue mucho.
Porque tu parecer no definiría, ni el tuyo tampoco, pero precisaba saber que algo, de todo lo que me había rodeado había sido real. Verdad. Porque en el medio del laberinto, nos encontramos más solos, menos contentos. Certeros de la unidad. 
La causalidad quiso que aquel día de junio, mucho después de tanto, del amanecer que nos reconcilió en primavera, y nos alejó sin duelo ni señal; un bar, una ventana y una tarde , te viera; y fue verte y saber que aún importaba el pasado compartido, y que la añoranza se adueñaba del presente. Porque es contínuo pero no es contundente, porque en él somos, pero en el otro fuimos y seremos. Porque somos todo aquello que hemos sido, mucho más que en la inercia, mucho más que en este instante perecedero...
Y la magia de la casa de ella en Palermo, de los manuscritos de Camus, de los retratos de Drieu, y los programas de la Pleiade; de Callois y Borges juntos, de Victoria  y de Julio, y era otoño, un poco gris; era de tarde ya, y la exigencia del último mes había sido extrema. Diez llamadas en treinta días no es apto para todos los cerebros. Sin embargo fue posible, había salido ilesa,  y esa mañana la coronaba el Delf -nada más en sintonía- confirmando una vez más, mi amor incondicional por esa lengua con la que tanto costó lidiar en los comienzos, cuando a los seis años, el azar quiso que, ineludiblemente me zambullese en ella.
Vibré en la frecuencia exacta. Sentí que ese era mi momento y mi lugar en el mundo; ya desde hacía un tiempo también estabas vos!
No sé si ya sabía que te quería mucho. Sí sabía que eras importante, y al día siguiente busqué contarte; contarte de ese lugar que descartaba sería también el tuyo. Si no me falla el recuerdo, fue nuestro primer email. 

La tarde también trajo recuerdos de una década pasada. Las calles de Palermo Chico, hablan; me hablan. La casita verde, la patisserie, la terraza al río, los tés en el Metropolitano...
Volvimos a casa. Volviste para irte. Quizá colmado de vergüenza, de deshonra. No supiste ver que no importaba. Que el afecto y el reencuentro, era más importante que el momento, que el supuesto revés. 
Tal vez te malograste. Busqué defender y no;  fallaste en tu contra.
Quedé desprovista e incompleta, mirando hacia adelante. Vacilante. Nada afirmaba los verdaderos por qué. 

Enero. Tu llamado imprevisto, el que acerté no repetirías; la frescura en el diálogo y la cotidianidad, no conducían a esta displicencia, a este equívoco que hizo que hoy te comunicases conmigo sin quererlo. 
Mi dualidad te responde. Una, la que querría decirte "No, hasta cualquier momento no, y pensá dos veces antes de buscarme, si es que tenés claro que es lo que hace que esto se haya vuelto cíclico". La otra,  la que sostuvo la charla sintiendo la distancia; la que del modo más ameno buscó hacer caso omiso a la lontananza del diálogo, o a mi monólogo sostenido por el respeto que te tengo; aquel que he tenido siempre por todo ser con el que no sólo se cruzaron caminos, sino que valió el afecto, se compartió vida; la comunión de cuerpos, los amaneceres. Porque creo que te quise mucho, a pesar de las pausas, porque si no, hoy tal vez no necesitaría contarte esto.

22 comentarios:

Silvana Camerlo dijo...

Bellísimo. Sigo sintiendo lo mismo que cuando leo tus textos: que podría haberlos escrito yo. Y cuando digo esto no quiero pecar de falta de humildad, no me refiero a tu bellísima prosa, sino a la emoción, al contenido, al Venus en Escorpio compartido. Vos sabés.
Un abrazo enorme y a seguirla, como se pueda, con el alma abierta. Dale.

Hugo Giovanetti Viola dijo...

Gracias. Con el alma abierta se puede, aunque a veces nuestras fallas hagan que nos cueste tanto abrirla. UN beso.

El Gaucho Santillán dijo...

Hermosa confesiòn de despedida.

Hay relaciones que marcan. Otras no.


Un abrazo.

Javier F. Noya dijo...

Bellísimo y muy costaziano muy a pesar suyo jajajajaja. Tiene frases maravillosas y un relato muy bello realmente, narra escenario y escena con naturalidad. Me gustó el texto; en cuanto al contenido no puedo decir más que lo importante es vivir, a veces duele, a veces ruge la ira, a veces se siente una soledad abismal, pero seguir es la consigna. Y siempre se aprende, y nunca dejamos de cometer errores...Besos.

Beatriz dijo...

Leerte es ir cogiendo aire, detenerse en cada signo de puntuación y traspasar esas frases cortas tan tuyas, ver las imágenes que vas dejando a largo del relato.Descubrirte. Leerte es aspirar y suspirar.Es sentir,tener la sensación de estar contigo, casi escuchándote, a tu lado, compartiendo,identificándonos.
Leerte a ti es creer, que sí, que fue real. Aunque nunca hubiera ocurrido.
Y eso amiga, conseguir que el lector se siente dentro de la historia, que la recorra desde dentro es patrimonio de quienes saben trabajar muy bien con la palabra.
Un abrazo "cómplice"con el relato.

Cecy dijo...

Añoranza por las calles de Montevideo, con esos aromas que haces sentir en el texto, que se convierte en sentimiento y cierra una historia, de vida, viviendo...


Un abrazo, nena.

Rayuela dijo...

la leo y escucho a leonard cohen...el efecto es...una nostalgia de mí, mire rochies...que voy a llorar.

besos, maestra*

Lo Siento por Interrumpir dijo...

Me reconocí desde el comienzo de tu historia.

Patrisac dijo...

C’est pour F???
Creo no equivocarme.

Te refelicito, un placer leerlo- Me encantan los giros idiomáticos, no sé si se dice así, pero...

Nos vemos pronto.

K. dijo...

tamos nostálgicas... sep. Gracias Roch'
bs

TORO SALVAJE dijo...

Lo quisiste y lo quieres.
Si no escribirías.

Besos.

MAJECARMU dijo...

Rochitas,me emocionaste,amiga...
Me he sentado a escucharte y sé lo que sientes,todo se repite,vuelve,porque tenía que volver,aunque a veces no entendamos porqué...El amor no muere nunca cuando es eterno,el amor a veces duerme,pero está ahí esperando SER DE NUEVO...PORQUE SIEMPRE FUÉ..
Mi gratitud por esta belleza,que nos dejas,que es vida y autenticidad,amiga.
Mi abrazo inmenso por tu cercanía,que te agradezco siempre.
FELIZ SEMANA,AMIGA.
M.Jesús

Janeth dijo...

Amiga es un escrito bellisimo, la familia, que importante es cuando nos llega la adultez, cuando nos sentimos solos, cuando sentimos necesidad de abrazos....la familia es espacial, me identifique totalmente, tengo tres hermanos a los que veo de ves en cuando en cuando, pienso que debemos ser como arboles dar de nosotros lo mejor siempre a nuestra familia, ser siempre generosos como el arbolito que entrega de si lo mejor que son sus frutos su sombra,...

mario gomez garrido dijo...

Síntesis de muchas imágenes, de laberintos y libros reconocibles, pero de colores y atardeceres y lugares absolutamente intransmisibles, yo quise acordarme de algo mío pero no, más bien creo que en estas palabras no se puede reflejar nadie porque son puro y misterioso recuerdo, porque pertenecen a quien las escribió y aunque solo fuera por eso son grandes. No me atreveré a decir más, al final solo quedó la emoción.

Raúl dijo...

Lo he leído con calma. Interesante. Mucho.
Gracias por tus visitas y tus elogios.

Ricardo Guadalupe dijo...

de los retratos de Drieu...

Tú lo amaste y comprendiste como yo lo hice con Céline. Colaboracionistas los dos y en cambio seres sensibles y excepcionales. Qué complejo es el ser humano.

Un beso

Malena dijo...

Te leí y fue leerme a mí con otras palabras. O no. Quizás también hubiera escogido éstas.

Siberia dijo...

Es tan bello...no me canso de leerlo a pesar de esa sensación de tristeza que deja.

Un abrazo

VeroniKa dijo...

La maldita o bendita costumbre que tenemos de cerrar círculos.
Si los círculos fueran laberintos, estaríamos condenados a volvernos locos. Locos de necesidad de decir, locos por encontrar el fin, locos por el sentido ¡al fin locos!

Neogeminis dijo...

En determinadas circunstancias las vidas nos presenta ante situaciones en que la dualidad de posibles respuestas nos desconcierta, nos deja indecisos ante la eventualidad de actuar de una u otra forma. Generalmente intervienen recuerdos de un pasado muy intenso, determinante y emotivo. A veces el pasado está mejor guardado y archivado. Otras, por el contrario, busca ser desenterrado...

Un abrazo.

La misma... dijo...

La dualidad en los hombres también enloquece.Es un tira y afloja,un te doy y te quito.Una sirverguenzura de ellos!
Por eso en el forraje de las sábanas,yo me desquito!¿no querías dejarme?trata de darme más de tres orgasmos seguidos si puedes(¡maldito!).

Palabras Perdidas dijo...

Poco hay que añadir a lo que te comentaron hace unos años. Es simplemente bello. Este día recogiste el saber de todos los autores leídos y lo hiciste converger en tu mente para crear y en tu mano para escribir.
He descubierto otra Rochie
Y me gusta

 
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