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23 de junio de 2010

Vida en Patagonia III

Bariloche, 13 de junio de 2010

-Miguelito, llamá a tu papá y combinemos para vernos hoy o a más tardar mañana, que me voy el catorce para San Martín. Te quiero ver la carota, y ubicame porfis a tu tía Ale...
-Llamá a mi viejo que ya le anda el celu. Ale no me contesta. Yo tengo que hacer tarea en lo de un amigo y después ver el partido de Alemania...
-¿Vos me cambias por el partido de Alemania?, que encima tiene que perder, tienen que ir perdiendo los mejores...
-Marcos, vos siempre dijiste que Claudio era el que indirecta o directamente había logrado que este dejase de ser mi lugar y que yo no volviese nunca definitivamente acá. ¿Qué te parece si intento regresar? En la jungla está todo más que mal, y acá comenzaría de nuevo.
A las ocho y media de la noche Vivi y Juampi me llevaron a ver a Marcos, que vive en Pájaro Azul y tiene casa asegurada por tres años. Hablamos con mi amiga Patrisac a parlante abierto -Marcos es su hermano-, nos charlamos la vida, había que aggiornar cinco años, y casi lo convenzo de ir con el péndulo a la última casa de Claudio.
Yo no sé si volver hoy, Clodito de mi corazón. Ayer, a pesar de que te enterré la manito con la foto del Padre Mario, la medalla de Jesús Misericordioso, y la cruz cuadrada con la cara de Cristo. Estar con Juampi hizo por un lado que me sintiese acompañada, muy, y por el otro, que no te hiciese el ritual que intuía, que me surgía.
En casa había quedado cantando Sergio Denis "Dame señor la luz", a volúmen ocho como lo solíamos hacer cada vez que viajábamos -si hasta Sergio lo sabe- y viajé con la tapa del disco que no sólo es del noventa y tres, sino que se llama "Cerca del Cielo", y capaz mi diálogo con vos estuvo un poco interferido, porque estábamos los tres.
Tu plaquita dice "Claudio Wasserman 12/06/59 - 27/01/2010". Falta Osías y Bautista y tu 13 de junio, que tu mamá optó cambiar por el doce porque se trataba de un martes trece. Siempre sostuvimos que a los dos nos hicieron lo mismo, pero en mi caso, al menos demoraron la cesárea veinte minutos, y por eso tal vez me cambiaron la carta natal. Ambos nos revelamos y fue por eso que elegimos un martes 13 de septiembre para unirnos en la iglesia del Pilar...
Dieciséis años juntos, mi amor. Si a los tres días iba a volver. A pesar de que mi corazón ya estaba unido a otro por hilitos invisibles...
Bariloche, 14 de junio de 2010.
Ayer vi el supermercado de las cervezas hasta el que no te animabas a llegar; estaba al lado, Clodito. Cómo te entiendo...
Vi tu merceditos quemado en Llanquihué (nos trascienden las cosas, que razón tenía Borges en su poema), la casa de Patricia, el peugeot de Jorge con el que me llevaste a Sanmartincito para la época en que en este antro laboral se estiló jugar a "la casa de gran hermano". Era Febrero del dos mil cuatro, y nos habían hecho elegir entre reducir dos compañeros o bajar el diez por ciento de los sueldos. Era Febrero, y yo llegué a tu chozita el catorce, San Valentín day...
Mi mensaje a su primer mujer, la mamá de Sebastián.

-Patricia, ayer estuve en Llanquihué, pero con Vivi, y no nos dio para tocarte el timbre.
¿Cómo estás? Me voy hoy a las seis de la tarde a San Martín de los Andes, Rossina.

A mi terapeuta.
-Nicolás, me vine a Bariloche, porque hubiese sido el cumpleaños de Claudio. Además Rober quería leer "El hechizo" antes de que lo publique. Mandó los pasajes...
-¡Bueno! ¿Cómo estás?.
-Bien, creo que vendo mi depto palermitano y compro acá o en San Martín. Estoy por ver después de quince años a la primer mujer de Claudio, la mamá de Sebastián, y ando repartiendo c.v. A las diez de la noche llego a mi Sanmartincito.
-Ey, que bueno.
-Me va a buscar Rober y de ahí a jugar a "Rincón", se quedó hace dos días sin secretaria. Me voy a dar un plazo máximo hasta la primavera, para decidir...

-¿¿¿Anto??? si no se da lo de tu paisito, será San Martín o Bariloche...
-Ups, me da como cosita, ¡Te quiero!

Llegué a mi Sanmartincito a las diez de la noche, hasta logré dormir en la ruta de los siete lagos. Rober me esperaba y tal cual habíamos pactado, nos fuimos a Rincón. Fue como volver a casa. Mientras tanto sonaba:

"Te doy una canción de madrugada, cuando más quiero tu luz...
cuando apareces el misterio del amor, y si no apareces no me importa, yo te doy una canción".

Y ahí pensé en vos, indefectiblemente pensé en vos.

"Hay algunos que dicen que todos los caminos conducen a Roma y no es verdad porque el mío me lleva cada noche al hueco que te nombra".

Nunca dejé de leer el acertadísimo horóscopo del diario rionegrino.
Nunca dejé de recibir los mejores augurios barilochenses, sea para mi estadía, mi permanencia allí, o el posible y definitivo regreso a tu Bariloche, Clodito. Ese que empecé a abandonar desde un nueve de marzo del noventa y seis y de manera intermitente hasta que te fuiste de Buenos Aires, o bien hasta que estaba a punto de regresar. Nuestro diálogo se había retomado el veintidós de diciembre y lloraste tanto, y dijiste tanto. Y te creí y te juré que volvía, para curarnos de a dos, ya que juntos y por separado habíamos comenzado a desmoronarnos en el maldito abril /mayo del 2008.
Si llegaste a Buenos Aires, dos días más tarde de la muerte de Jorgito. Hice lo que pude, lo mejor que me salió, y pagué con mi sangre las consecuencias...
"Libertad y paz para crecer en libertad", dijo Viviana el último 27. Estábamos juntas en Montevideo.
Antes de abandonar la city de los vuriloches, recorrimos la casa maldita de los Coihues, la casa que te acompañé a alquilar con Emilio. Me cuesta creer que él también se haya ido. Al menos lo eligió...
¡Hemanitos! los superó la sensibilidad y ambos habían superado a la ciencia. Pero cuan mal manejaban sus propias vidas...
Conocí la casa donde nació Juampi. Volvimos con Viviana a la casa en Cerro Chenque, y el último día, y de la mano de Patricia, tu primer mujer, llegué hasta tu última casita, la del km. 5.
Era demasiado tarde. Se respiraba paz. Ese fue uno de los primeros mensajes de Viviana. Era la número tres (como tu c en el abecedario); tenía rosales, y dos corazones que se unían invertidos...
Aún no sé como logré entrar, Patricia no pudo. Seguramente fue la fuerza que media hora antes me transmitió por teléfono tu Seba, mi Seba...

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