27 de diciembre de 2013

Andares

Oscilo flotando buscando tomar pertenencia de mi espacio.
Sentimientos intrincados. Vacío. Silencios que no cesan, palabras que no salen; cuesta decirlas, cuesta escribirlas.
Augurios. Esperas.
Temores, andares, he escuchado tanto, y sin embargo...
Como se entromete el enemigo, el temor feroz, las horas infinitas, los minutos que no avanzan y a la vez retroceden, hacia pensares muy lejanos, a otros tiempos, a otras orillas. Cuando era otra, cuando bastaba con ser uno mismo.
Te quiero cerca, independiente, poco memoriosa para lo que vale olvidar. Más fuerte. Disfrutando del instante mismo.
Cómo marcó el destino, por donde estará la calle de salida. Si estaremos haciendo las cosas bien, si vale el cambio. ¿Cómo? ¿Hacia dónde?
Ahoga mis días tu silencio. Tus no aprendidos de memoria, que eluden los por si acaso. Los propios. Los menos admisibles. Los que cuesta trascender; superar. La despersonalización, el desdoblaje.
Extraño tu mirada, tus manos; los imprevistos que tanto cuesta sobrellevar. La rutina que es tedio y desespera.
Escucho tu silencio, la ausencia de tu huella par, la cantidad de horas que han completado esta pausa aún sin fin.


5 comentarios:

Neogéminis dijo...

Cuando no se tienen, se llegan a extrañar hasta las rutinas. Intenso escrito.
Un abrazo.
Que tengas un bello fin de año y un excelente inicio!
=)

fiorella dijo...

Que tengas un buen año Rochies!!.Un beso

Mo dijo...

Aysssss hay que mirar pa'lante nena!!!

Besos!!!

Guidaí dijo...

Hablando de palabras que no salen...
He vuelto a navegar estos mares. En realidad, hemos vuelto, renovadas en un blog colectivo de siete mujeres entre las que se encuentra mi amiga Fio de ahí arriba :) Si gusta dar una vuelta por aquellos lados, es muy bienvenida a "Sangre Magenta". Abrazos y por aquí andaré leyendote.

H. Chinaski dijo...

Recorremos un camino, o mil. Avanzamos tropezando, nos tambaleamos, a veces, encontramos a alguien que nos ayuda a que sea mas fácil el trayecto y nos acompaña un buen trecho. Otras el trecho es corto por que no queremos en el viaje a alguien que nos ponga una piedra delante del paso siguiente. Y vuelve a doler. Pero no paramos. Seguimos adelante con la cabeza erguida y la vista al frente, aunque aplaquemos la sed con nuestras lágrimas.

 
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